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Trabajo

Frío en la oficina: qué puedes pedir y qué puedes hacer ya

Teclear con las manos heladas no es normal ni inevitable. Lo que dice la normativa sobre la temperatura, cómo plantearlo en el trabajo y trucos que funcionan de verdad.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Mujer trabajando en su escritorio con una manta sobre los hombros
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Hay oficinas donde en enero se trabaja con el abrigo puesto, las manos moradas y una discusión permanente por el mando del aire acondicionado. No es una cuestión de aguante ni de ser friolera: el frío te distrae, te contractura los hombros y te hace cometer más errores. Y, además, hay límites escritos que tu empresa tiene que respetar.

Qué temperatura te corresponde por normativa

En España, la normativa sobre lugares de trabajo fija unos márgenes de temperatura para los locales cerrados. En trabajos sedentarios, del tipo oficina, la horquilla va aproximadamente de los 17 a los 27 grados. En trabajos ligeros, con más movimiento, el mínimo baja algo. También hay límites para la humedad y para las corrientes de aire: ese chorro helado que te cae justo en la nuca desde una rejilla no es un detalle, es un factor de riesgo reconocido.

Que el termómetro marque 17 grados y sea legal no significa que sea cómodo. Esos números son un suelo, no un objetivo. Si en tu puesto se está por debajo, tienes un argumento objetivo y no una opinión personal; si estás justo en el límite y pasas frío, la conversación pasa por las corrientes de aire, la orientación de tu mesa o el reparto de la calefacción, que casi nunca llega igual a todas las esquinas.

Cómo plantearlo sin abrir la guerra del termostato

La típica pelea es entre quien tiene calor y quien tiene frío, y así nadie gana. Funciona mejor sacarlo del terreno de las sensaciones:

  • Mide. Un termómetro pequeño sobre tu mesa durante unos días te da datos concretos y horas exactas. Casi siempre el problema no es todo el día, son las primeras horas de la mañana o los lunes.
  • Habla en plural. Si más gente de tu zona tiene el mismo problema, la petición conjunta pesa mucho más que una queja individual, que suele quedarse en «pues yo siempre tengo frío».
  • Pide algo concreto. No «que se pase frío», sino «que la rejilla de encima de estas cuatro mesas se desvíe» o «que la calefacción arranque media hora antes». Las peticiones accionables se resuelven; las genéricas se archivan.
  • Sabe a quién acudir. El delegado de prevención o el servicio de prevención de riesgos laborales es el canal natural, más que recursos humanos o el jefe directo. Y si la mesa está mal ubicada y no hay arreglo posible, plantear un cambio de sitio es una solución perfectamente razonable.

Lo que puedes hacer tú mientras se arregla

Mientras el edificio se pone de acuerdo, unas cuantas cosas cambian el día bastante:

  • Capas finas mejor que un jersey grueso. Camiseta térmica, camisa y una chaqueta media te dejan regular a lo largo de la jornada, que es justo lo que necesitas cuando la calefacción va a rachas.
  • Los pies primero. Es por donde más frío se pasa sentada. Calcetines de lana o unas plantillas cálidas hacen más que subir dos grados la sala. Un reposapiés te levanta del suelo, que suele ser lo más frío del sitio.
  • Una manta de forro polar en el respaldo de la silla no queda poco profesional, queda práctica. En muchas oficinas es ya paisaje.
  • Manos. Si teclear con frío te resulta imposible, prueba unos guantes sin dedos y una crema de manos densa, porque el frío y la calefacción juntos dejan la piel destrozada.
  • Muévete cada hora. Levantarte, subir una planta por las escaleras, estirar hombros y cuello. Estar quieta es lo que te enfría, y de paso alivias la tensión que el frío añade a la espalda.
  • Bebidas calientes, sí, pero ojo con el café. Cinco cafés para calentarte acaban en insomnio. Alterna con infusiones o simplemente agua templada.

Si teletrabajas, el frío también es cosa del trabajo

Trabajar en casa en invierno tiene su propia trampa: calentar todo el piso para estar en una habitación sale carísimo. Suele compensar concentrar la actividad en una sola estancia, cerrar puertas, tapar rendijas y usar un calor local en vez de subir el termostato general. Y si tu empresa tiene acuerdo de teletrabajo, mira qué compensación de gastos recoge: no es un capricho preguntarlo.

Cuándo dejar de aguantar

Pasar frío ocho horas al día no es inofensivo: favorece contracturas, dolores de cuello y esa sensación de agotamiento que no se explica por la carga de trabajo. Si aun así ves que el problema no se corrige, insiste por escrito y deja constancia; la vía de la inspección de trabajo existe precisamente para esto.

Y un aparte: si tienes las manos o los pies helados de forma llamativa, se te quedan blancos o morados o te duelen al recuperar el color, coméntalo con tu médica de cabecera. No es cuestión de la oficina y merece una mirada profesional.

Resumiendo: mide, pide algo concreto y por el canal correcto, y mientras tanto ponte capas y saca los pies del suelo frío. Trabajar cómoda no es un lujo, es parte de las condiciones de tu puesto.

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