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Redecorar sin obras: lo que más cambia una casa por poco dinero

Cambiar los muebles es lo caro y lo que menos se nota. Estas cinco cosas transforman una habitación entera y ninguna requiere albañil.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Redecorar sin obras: lo que más cambia una casa por poco dinero
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La reacción habitual cuando una casa cansa es pensar en muebles nuevos. Es lo más caro y, sorprendentemente, lo que menos cambia la sensación de una habitación. Hay cinco palancas mucho más baratas y con más efecto.

Uno: la luz

Es la primera y la que más rinde. Casi todas las casas españolas tienen un único plafón en el techo de cada habitación, con una bombilla de luz fría, y eso da un ambiente de sala de espera.

Lo que cambia una habitación:

  • Varios puntos de luz en vez de uno. Tres focos bajos —una lámpara de pie, una de mesa, una tira detrás de un mueble— crean profundidad. El techo, apagado o al mínimo.
  • Temperatura cálida, entre 2700 y 3000 K. Es el número que viene en la caja de las bombillas y el que más se ignora.
  • Regulables. Una bombilla inteligente permite bajar la intensidad por la noche sin cambiar nada de la instalación.

Dos: los textiles

Cortinas, cojines, alfombras y mantas cambian el color, la textura y hasta la acústica de una habitación, y cuestan una fracción de un mueble.

Dos reglas que marcan la diferencia: la cortina se cuelga alta y ancha —a pocos centímetros del techo y sobresaliendo del marco por los lados—, porque eso hace que la ventana y la pared parezcan más grandes. Y la alfombra tiene que ser suficientemente grande: al menos las patas delanteras del sofá y los sillones deben pisarla. Una alfombra pequeña en medio del salón empequeñece la habitación.

Tres: pintura, pero solo una pared

Pintar entero es trabajo. Pintar una sola pared —la del cabecero, la del fondo del salón— cuesta una tarde y un bote pequeño, y cambia el foco de la habitación.

Los tonos que mejor funcionan y peor envejecen: verdes apagados, azules profundos, terracota y tierras. El gris, que fue lo que todo el mundo pintó durante una década, es lo que más rápido se ha quedado antiguo.

Cuatro: quitar cosas

La menos glamurosa y la más eficaz. Una habitación con menos objetos a la vista se percibe como más grande, más ordenada y más cara, sin gastar un euro.

El ejercicio que funciona: saca todo lo que hay sobre las superficies horizontales —mesas, aparadores, estanterías— y devuelve solo lo que de verdad quieras ver. Lo que sobra, a unas cajas de almacenaje y dentro de un armario.

Cinco: plantas de verdad

Aportan color, textura y volumen, y son de lo más barato que se puede meter en una casa. Mejor una grande que cinco pequeñas repartidas: una planta de buen tamaño en un rincón vacío hace de mueble.

Si no tienes mano, empieza por potos, sansevieria o zamioculca, que perdonan olvidos.

Lo que no compensa

Los vinilos decorativos de pared, que envejecen mal y se despegan. Los muebles muy baratos de tablero, que se hinchan con la humedad y en dos años están peor que lo que tenías. Y comprar por conjuntos completos: una habitación amueblada de una sola vez y del mismo catálogo se ve impersonal.

Merece más la pena repartir el presupuesto: mucho en luz y textiles, poco en muebles, y esperar a encontrar la pieza buena en vez de llenar el hueco ya.

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