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Calzado de verano para él: más allá de la chancla

La chancla vale para la piscina, no para todo el verano. Repasamos las opciones de calzado masculino que aguantan el calor sin cantar y cómo elegirlas.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Sandalias de piel y alpargatas de verano para hombre
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Llega el calor y el armario de zapatos de muchos hombres se reduce a dos opciones: las zapatillas de todo el año, que en julio son un horno, y la chancla de piscina, que aparece en sitios donde no pinta nada. Entre esos dos extremos hay bastante margen, y no hace falta gastarse una fortuna ni cambiar de estilo para encontrarlo.

Por qué el calzado de invierno no sirve en verano

No es solo cuestión de estética. Con calor, el pie suda mucho más y ese sudor tiene que ir a algún sitio. Si el zapato es cerrado, de material sintético y con calcetín gordo, la humedad se queda dentro: de ahí vienen el mal olor, los roces y esa sensación de llevar los pies hinchados a media tarde.

Lo que marca la diferencia son tres cosas: que el material transpire (piel, lona, esparto, rejilla), que el pie no vaya apretado y que el calzado se pueda airear entre usos. Alternar dos pares en lugar de repetir el mismo todos los días es, sin exagerar, el consejo más útil de toda la lista.

Las opciones que funcionan

No hay un modelo único que valga para todo, pero con dos o tres pares bien elegidos se cubre el verano entero.

  • Sandalias de piel. Las de tiras anchas y suela plana quedan bien con bermudas y con pantalón de lino. Sujetan el pie de verdad, a diferencia de la chancla, así que se puede andar con ellas.
  • Alpargatas o espadrilles. Cómodas, ligeras y muy veraniegas. Aguantan mal el agua y la lluvia, pero para ciudad y para vacaciones son un acierto. Unas alpargatas de esparto en color neutro combinan con casi todo.
  • Náuticos y mocasines de verano. La opción para cuando hay que ir un poco más arreglado sin ponerse zapato cerrado. Se llevan sin calcetín visible.
  • Zapatillas de lona o de malla. Si él no se ve con nada abierto, esta es la salida: mismo formato que la zapatilla de siempre, pero con un material que respira.
  • Chanclas y cangrejeras. Perfectas para la piscina, la playa, el camping y la ducha compartida. Ahí no hay nada mejor.

Dónde la chancla no encaja

Más que una norma de estilo, es una cuestión de leer el sitio. La chancla resta en la oficina (y en muchas empresas está directamente fuera de las normas), en una comida familiar, en un restaurante con mantel, en una boda o en cualquier plan que implique andar más de veinte minutos. En todos esos casos, una sandalia de piel cerrada por el talón o un náutico resuelven sin sacrificar la temperatura.

Y un detalle muy repetido: la chancla con calcetín. Si el problema es que le da apuro llevar el pie al aire, la solución no es el calcetín, es cambiar de zapato.

Calcetín, medio calcetín o nada

Ir sin calcetín es cómodo y es lo que piden náuticos, mocasines y muchas zapatillas de verano. El inconveniente es que todo el sudor se queda en el forro del zapato, que se estropea antes y empieza a oler.

La solución intermedia son unos calcetines invisibles de algodón: no se ven, absorben la humedad y evitan el roce en el talón. Conviene probarlos antes de comprar varios pares, porque los que se escurren cada dos pasos acaban en el cajón. Y si se opta por ir sin nada, ayuda mucho airear el zapato al llegar a casa y no ponérselo dos días seguidos.

Cómo acertar al comprar

  • Pruébalos por la tarde. El pie se ensancha a lo largo del día y con calor todavía más. Un zapato que va justo por la mañana aprieta a las siete.
  • Fíjate en el ancho, no solo en la talla. En sandalias, un pie ancho con tiras estrechas es garantía de roce.
  • Mira dónde apoya el talón. Las tiras que caen justo en el borde del talón suelen ser las que hacen ampollas.
  • Camina un rato por la tienda. Diez pasos no bastan: si la suela es muy plana y dura, se nota al tercer día de vacaciones, no en el probador.
  • Empieza por un color neutro. Marrón, camel, blanco roto o azul marino se llevan con todo lo que ya tiene.

Mantenimiento mínimo

La piel se limpia con un paño húmedo y se deja secar lejos del sol directo, que la agrieta. La lona y el esparto agradecen un cepillado en seco antes de que la suciedad se incruste. Y si el olor se ha instalado, sacar el par al aire (no al sol) unas horas y retirar la plantilla, si es extraíble, suele bastar; si el pie huele mal de forma persistente o aparecen grietas, descamación o picor entre los dedos, ahí ya toca preguntar en la farmacia, porque puede ser un hongo y no una cuestión de calzado.

Con un par abierto, uno de lona y otro algo más arreglado, el verano está resuelto. Y la chancla, en la bolsa de la piscina, que es donde brilla.

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