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Ocio y Viajes

Nieve sin esquís: planes de montaña para quien no esquía

No hace falta pagar un forfait ni saber frenar en cuña para disfrutar de la montaña en invierno. Estas son las opciones y lo que conviene llevar.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Excursionista caminando con raquetas de nieve por un bosque nevado en invierno
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Hay un momento incómodo cuando alguien propone un fin de semana en la nieve y tú no esquías: parece que te toca quedarte en la cafetería del refugio con un chocolate mientras el resto sube al telesilla. Buena noticia: el forfait es solo una de las formas de disfrutar de la montaña en invierno, y ni siquiera la más barata.

Raquetas de nieve: el plan más agradecido

Si solo vas a probar una cosa, que sea esta. Caminar con raquetas se aprende en cinco minutos —el único truco es separar un poco los pies y no pisarte— y permite recorrer bosques y prados nevados donde no llega ningún remonte. El esfuerzo es parecido al de una caminata larga, con la diferencia de que la nieve cansa más: si nunca lo has hecho, calcula la mitad de kilómetros de los que harías en verano.

Se alquilan en casi cualquier pueblo de montaña con nieve, junto con los bastones. Y en muchas estaciones y parques naturales hay rutas guiadas de dos o tres horas: la opción más sensata la primera vez, porque el guía sabe qué zonas están seguras y qué laderas conviene no cruzar.

Trineo y zonas de juegos de nieve

Los llamados espacios lúdicos o zonas de trineos son pistas balizadas, con acceso propio y entrada mucho más barata que un forfait. Funcionan bien si vas con niños, pero también si el plan es reírte un rato sin más pretensiones. Dos avisos: bajar en trineo por una ladera cualquiera, fuera de una zona habilitada, es una de las formas más habituales de acabar en urgencias con una muñeca o un tobillo roto; y las pistas de esquí no son sitio para trineos ni para caminar, por muy vacías que parezcan.

Subir a un mirador sin mover un músculo

Muchos telecabinas y funiculares venden billete de peatón. Subes, te tomas algo arriba, haces la foto con el valle nevado a tus pies y bajas. Es un plan corto, pero salva un día de frío intenso o de piernas cansadas y funciona con gente de cualquier edad y condición física.

En la misma línea, hay planes de montaña que no dependen nada de la nieve:

  • Pueblos con vida en invierno: mercados, quesos, embutidos, casas de piedra y menús de cuchara que en agosto no apetecen igual.
  • Aguas termales y balnearios: la combinación de exterior helado y agua caliente es difícil de superar. Reserva con antelación, porque los fines de semana de invierno se llenan.
  • Observar el cielo: las noches de invierno son largas y el aire frío suele estar más limpio. Basta con alejarse de las luces del pueblo y abrigarse bien.
  • Rutas por debajo de la nieve: gargantas, hayedos y embalses a media altura donde solo hay hielo en los charcos.

Cómo ir vestida para pasar frío sin sufrirlo

La regla es sencilla: capas finas mejor que un abrigo enorme. Una camiseta técnica o de lana pegada al cuerpo, un forro polar en medio y una chaqueta que corte el viento y el agua. El algodón junto a la piel es el error clásico: se empapa de sudor y luego te enfría cuando paras.

Lo que más se olvida y más se nota:

  • Calzado impermeable y calcetines de repuesto en la mochila.
  • Gorro y guantes, y unos guantes secos de recambio si vas a tocar la nieve.
  • Gafas de sol: la nieve refleja muchísimo y una mañana despejada a cierta altura castiga la vista.
  • Crema solar, aunque haga frío y esté nublado.
  • Un termo con caldo o infusión y algo de comer: en invierno se pasa hambre antes de lo que crees.

Si vas a caminar por senderos con hielo, unos crampones ligeros que se ajustan a la suela de la bota cambian por completo la sensación de seguridad en las bajadas heladas. No sirven para terreno de alta montaña, pero para pistas forestales y caminos cumplen de sobra.

Antes de salir de casa

El invierno perdona menos que el verano, así que conviene dedicar diez minutos a lo aburrido:

  1. Mira el parte y los avisos de la zona, no solo el tiempo de la ciudad más cercana.
  2. Comprueba el estado de las carreteras y lleva cadenas o neumáticos de invierno si el acceso las exige. En muchos puertos son obligatorias cuando nieva.
  3. Calcula la luz: anochece pronto: si la ruta son cuatro horas, no empieces a mediodía.
  4. Avisa a alguien de por dónde vas y a qué hora piensas volver.
  5. Ten un plan B bajo techo. Un día de ventisca se salva con un museo, unas termas o una comida larga.

El resumen

La montaña en invierno no pide técnica, pide previsión. Con ropa por capas, un horario realista y la humildad de dar la vuelta si el tiempo se pone fea, un fin de semana en la nieve sale igual de bien sin haberte puesto nunca unos esquís. Y, casi siempre, bastante más barato.

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