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Pareja e Hijos

¿Tiene frío mi hijo? Cómo abrigarle sin pasarse

Las manos frías no significan que un niño esté helado, y tres capas abrigan más que un plumas enorme. Claves para vestirle bien en invierno.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Niña abrigada con gorro y cuello de forro polar en un día de invierno
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Sales de casa con el niño hecho un ovillo de lana y a los diez minutos está sudando en el autobús. O al contrario: te dice que no tiene frío, va en manga corta bajo el abrigo y vuelve del parque tiritando. Acertar con el abrigo en invierno es más fácil de lo que parece si dejas de fiarte de tus propias manos y empiezas a fijarte en las señales correctas.

La regla de la nuca

El termómetro más fiable no son las manos ni los pies: en los niños pequeños, y sobre todo en los bebés, es muy normal que estén fresquitos porque la circulación en las extremidades funciona de otra manera. Toca la nuca o la espalda, por debajo de la ropa:

  • Templada y seca: vas bien, no toques nada.
  • Sudada o caliente y pegajosa: sobra ropa. Quita una capa antes de que se enfríe con el sudor.
  • Fría: falta una capa, y probablemente sea la de en medio.

Con los niños que ya hablan tienes una ventaja: pregúntales. Pero no des por buena la respuesta cuando están corriendo, porque en pleno juego nadie tiene frío. La prueba de verdad es cuando se paran.

Tres capas finas abrigan más que un abrigo enorme

El calor se queda entre las capas, no en el grosor de una sola prenda. Por eso un jersey fino más un forro polar más una chaqueta cortavientos funciona mucho mejor que un plumas gigantesco sobre una camiseta.

  1. Primera capa: pegada al cuerpo, que no dé calor de golpe pero saque la humedad. El algodón fino sirve; si va a sudar mucho, mejor una camiseta técnica o de lana fina.
  2. Segunda capa: la que abriga de verdad. Forro polar, jersey, sudadera gruesa.
  3. Tercera capa: la que para el viento y el agua. Aquí es donde interesa gastar, porque un niño mojado se enfría en un minuto.

La gran ventaja de las capas es que se quitan. En el aula, en el coche, en el centro comercial o en casa de la abuela con la calefacción a tope, poder retirar una prenda evita el clásico sofocón seguido de escalofrío.

Los extras que marcan la diferencia

Por la cabeza y por las manos se escapa mucho calor, y son justo lo que más se olvida en el recibidor:

  • Gorro: en niños pequeños, imprescindible cuando hace frío de verdad. Que cubra las orejas.
  • Cuello: mejor un cuello de forro polar que una bufanda larga, que se engancha en columpios y barandillas.
  • Guantes: si va a haber nieve o charcos, impermeables. Los de lana empapados abrigan menos que nada.
  • Calzado y calcetines: botas que no aprieten, porque un pie comprimido se enfría antes. Y un calcetín de recambio en la mochila para los días de charco.

El error del abrigo en la silla del coche

Este merece un apartado propio porque es de seguridad, no de comodidad. Los abrigos gruesos y los plumas dejan un hueco de aire entre el cuerpo del niño y el arnés de la silla: aunque parezca ajustado, en caso de frenazo ese acolchado se comprime y las correas quedan flojas.

Lo práctico: quítale el abrigo, ajusta el arnés hasta que no puedas pellizcar tela sobre el hombro y luego pon el abrigo del revés, por encima, o una manta sobre las correas. Si tienes dudas sobre cómo va colocado el arnés de tu silla concreta, pregunta en la tienda donde la compraste o consulta el manual, que suele explicarlo con dibujos.

Y dentro de casa, menos de lo que crees

Los pisos con calefacción son sitios calurosos. No hace falta que un niño esté en casa con jersey grueso y calcetines de lana: la mayoría se mueve, juega y genera calor de sobra. Una temperatura ambiente agradable para un adulto en ropa de casa suele ser también buena para el niño.

Para dormir, la referencia es la misma: si tú duermes con un pijama y un edredón, él no necesita tres mantas más. En bebés, el exceso de ropa de cama y el sobrecalentamiento son un tema del que conviene hablar directamente con el pediatra o la enfermera de pediatría, porque hay recomendaciones concretas de descanso seguro que merece la pena conocer bien.

Frío no es motivo para no salir

Los catarros no los da el aire frío, los dan los virus, y los virus circulan mucho mejor en interiores llenos de gente. Salir al parque en invierno, aunque sea media hora, ayuda a que quemen energía, duerman mejor y no acaben la tarde subiéndose por las paredes.

Con dos condiciones: que vayan secos y que puedan moverse. Un niño demasiado empaquetado no corre, y un niño que no corre sí que se enfría.

Resumiendo: toca la nuca, apuesta por capas que se quiten, no olvides gorro y cuello, y quita el abrigo antes de abrochar el arnés. Con eso resuelves casi todos los días de invierno.

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