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Pareja e Hijos

San Juan con niños: petardos, horarios y vuelta a casa

Hogueras, ruido y una hora de irse a dormir que salta por los aires. Cómo plantear la noche de San Juan con niños para que salga bien y nadie acabe llorando.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Familia junto a una hoguera en la playa durante la noche de San Juan
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La noche más larga del año tiene un problema logístico evidente: los niños se acuestan mucho antes de que empiece lo bueno. Y aun así, es una de esas noches que se recuerdan de por vida. Merece la pena ir, pero con el plan hablado antes de salir de casa.

Primero decidid qué noche queréis

No es lo mismo bajar a la playa a ver la hoguera grande, con miles de personas y música hasta las tantas, que juntarse cuatro familias en un descampado del pueblo o cenar en casa y salir solo un rato a ver los fuegos desde un mirador. Las tres opciones son San Juan.

Si vais con niños pequeños, el plan corto suele ganar por goleada. Ver el fuego, tirar unos deseos al agua o a las llamas, comer algo rico y volver es una noche perfecta a los cinco años. Estirarla tres horas más solo para «aprovechar» acaba en un niño agotado y dos adultos discutiendo por quién lo lleva en brazos.

Aquí es donde conviene ponerse de acuerdo antes. Si uno de los dos quiere quedarse hasta el final y el otro no, decidlo en el sofá y no a las dos de la mañana entre petardos: turnos, un adulto que se retira con los peques y otro que se queda, o los dos os vais. Cualquier opción vale si está pactada.

El sueño: asumir que esa noche no cuenta

Trasnochar una noche al año no rompe a nadie, pero ayuda amortiguar el golpe:

  • Siesta o rato de calma por la tarde, aunque en casa ya no siestee. Media hora tumbado con un cuento suma.
  • Cena decente antes de salir. Si dependéis de lo que encontréis allí, llegaréis al momento hoguera con hambre y mal cuerpo, que es la receta del berrinche.
  • Al volver, versión rápida del ritual: pis, dientes, cama. Sin baño largo ni tres cuentos.
  • Al día siguiente, agenda vacía. Nada de excursión a las nueve. Desayuno tarde y plan tranquilo.

Petardos y hogueras: pocas reglas y muy claras

El fuego y la pirotecnia son la parte bonita y también la única que puede arruinar la noche de verdad. Con niños, las normas se dicen antes, no cuando ya están corriendo:

  • Los petardos los manipulan solo los adultos. Sin excepciones ni «este es pequeñito». Si son mayores y queréis que participen, que sea con vosotros al lado y con material adecuado a su edad.
  • Distancia de la hoguera, y explicada de forma concreta: hasta donde está esa toalla, no más allá. Los niños entienden mucho mejor un límite físico que un «no te acerques».
  • Nunca recoger del suelo un petardo que parece que no ha explotado.
  • Calzado cerrado. Las chanclas y la arena con brasas o cristales no se llevan bien.
  • Saltar la hoguera es cosa de adultos. Si lo ven, van a querer imitarlo: mejor adelantarse y decir que ellos tienen su propio ritual.
  • El ruido molesta más de lo que imaginamos a los oídos pequeños. Si sois de zona de petardos constantes, unos cascos antirruido infantiles convierten el llanto en curiosidad.

Y una que no es de niños pero sí de familia: si tenéis perro, esa noche se queda en casa, con las ventanas cerradas y algo de ruido de fondo. No hay paseo que compense el pánico.

La mochila que salva la noche

Nada exótico, pero se olvida la mitad:

  • Sudadera o manga larga para cada uno: a las dos de la mañana, junto al agua, refresca.
  • Agua de sobra y algo de picar que no se derrita.
  • Una esterilla aislante o toalla vieja para sentarse en la arena o la hierba húmeda.
  • Linterna o frontal, mucho más útil que la luz del móvil, que además os deja sin batería.
  • Muda y bolsa de plástico si hay opción de mojarse los pies (la habrá).
  • Toallitas, pañuelos, y una bolsa para volver con vuestra basura.

Cómo volver sin drama

El truco es que la retirada esté anunciada desde el principio: «vemos los fuegos, comemos y nos vamos». Y avisar con margen, no de golpe. Diez minutos antes, aviso; cinco minutos antes, recogemos juntos.

Si sois varias familias, poned un punto de encuentro fijo y una hora de reagrupamiento. Con mucha gente y poca luz, un niño que se despista tarda segundos. A los más pequeños les va bien llevar apuntado un teléfono en el brazo o en el bolsillo, y a todos, la instrucción de siempre: si te pierdes, no te muevas y busca a alguien con chaleco o uniforme.

El ritual, que es lo que van a recordar

Da igual que sea escribir un deseo en un papel y quemarlo, mojarse los pies a medianoche o lanzar tres piedras al mar: cread algo vuestro y repetidlo cada año. Es gratis, cabe en cinco minutos y funciona igual en la playa que en la terraza de casa.

Y si un año no sale, tampoco pasa nada: cena especial, luces bajas y ver los fuegos desde la ventana también es San Juan. La noche larga vuelve.

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