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Ocio y Viajes

Picnic de primavera: qué llevar y cómo elegir el sitio

Comer al aire libre sale bien cuando eliges bien el sitio y llevas comida que aguanta. Aquí tienes la lista práctica y los errores que se repiten.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Manta de picnic con comida y fruta sobre la hierba en un día de primavera
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Basta un sábado de sol para que a alguien se le ocurra comer en el campo. Y luego llega la realidad: la tortilla sudada, el mantel volando y nadie que se haya acordado del sacacorchos. Organizar un picnic tiene poco misterio, pero sí tiene detalles que marcan la diferencia entre una tarde redonda y volver a casa con hambre y de mal humor.

Elegir el sitio: menos postal, más sombra

El error más común es fijarse solo en las vistas. El mejor sitio para un picnic cumple tres cosas: tiene sombra a la hora de comer, el suelo es más o menos llano y se llega sin caminar cargada más de veinte minutos.

  • Sombra real: un árbol grande, no un arbusto. En primavera el sol de las dos de la tarde ya castiga.
  • Suelo seco: si ha llovido en los días previos, evita las orillas de ríos y las zonas de hierba alta; acabarás con la manta empapada por debajo.
  • Cerca del coche o del transporte: si hay que hacer dos viajes para bajar las cosas, no pasa nada. Si hay que hacer dos kilómetros con la nevera, sí.
  • Con papeleras o sin ellas: da igual, pero mira si las hay. Si no, ya sabes que la basura vuelve contigo.

Y un aviso poco romántico: consulta si el área en la que piensas ir permite el acceso libre. Muchos espacios naturales tienen zonas restringidas, aparcamientos que se llenan a media mañana o áreas recreativas que exigen reserva. Una llamada o una consulta rápida ahorra el disgusto de llegar y encontrar la barrera bajada.

La comida que de verdad aguanta

La regla es sencilla: cuanto menos dependa de la temperatura, mejor. Todo lo que lleve huevo crudo, nata, mayonesa casera o pescado sin cocinar se queda en casa, sobre todo si el día viene templado.

  • Empanadas, empanadillas y cocas: se cortan en porciones, no manchan y están buenas del tiempo.
  • Tortilla de patata: clásico infalible si va bien fría y en una fiambrera cerrada.
  • Bocadillos de embutido, queso curado o conservas: mejor prepararlos con el pan algo consistente para que no se deshaga.
  • Ensaladas de pasta, arroz, lentejas o garbanzos: aliñadas con aceite y vinagre, no con salsas cremosas.
  • Crudités y fruta entera: zanahoria, pepino, manzanas, naranjas. La fruta cortada se oxida y suelta jugo.
  • Frutos secos y aceitunas: para picar mientras se coloca todo, que es cuando más hambre da.

De bebida, agua en cantidad y algo más si te apetece. Congela una botella de agua la noche antes: hace de bloque de hielo y luego te la bebes.

El equipo mínimo

No hace falta una cesta de mimbre con vajilla a juego. Con esto vas sobrada:

  1. Una manta de picnic impermeable o, si no la tienes, una manta vieja con una bolsa de basura grande abierta debajo.
  2. Una nevera portátil blanda con dos acumuladores de frío. Guarda todo lo perecedero y se transporta mejor que las rígidas.
  3. Fiambreras con cierre de verdad. Las tapas que no encajan son la causa número uno de mochilas pringosas.
  4. Servilletas de papel, papel de cocina y bolsas para la basura.
  5. Navaja o cuchillo pequeño, abrelatas y sacacorchos. Se olvidan siempre.
  6. Toallitas o gel de manos, porque no habrá grifo.
  7. Gorra, gafas y protección solar: en primavera la gente se quema más que en agosto, precisamente porque no se lo espera.

Reparto y logística sin dramas

Si vais varias personas, decidid antes quién trae qué por escrito, aunque sea en un grupo de mensajes. Lo habitual es que aparezcan cuatro tortillas y ni una servilleta. Un reparto que funciona: una persona se encarga de la comida salada, otra de la bebida y el hielo, otra del pan y el postre, y otra del equipo (manta, vasos, cubiertos, bolsas).

Pregunta también por alergias e intolerancias antes de comprar, no cuando ya estáis sentados. Y si va alguien con alergia al polen, mejor evitar las zonas de gramíneas altas y llevar lo que necesite a mano.

Respeto al sitio (y a quien viene después)

Nada de fuego ni de barbacoas improvisadas: en muchas zonas está prohibido durante buena parte del año y el riesgo no compensa. Los altavoces, a un volumen que no se oiga a diez metros. La basura, entera de vuelta, incluidas las cáscaras de fruta y las colillas. Y si hay animales sueltos o ganado, deja las puertas y las cancelas como te las encontraste.

Plan B para cuando se nubla

La primavera es traicionera y conviene tener alternativa decidida antes de salir: un merendero cubierto, un área recreativa con techo, el porche de casa de alguien o directamente el suelo del salón con la manta puesta. Suena a consuelo, pero un picnic de interior con la comida ya hecha funciona sorprendentemente bien, sobre todo si hay criaturas alrededor.

Sal temprano, elige la sombra antes de que la ocupen y no te compliques con el menú: lo que se recuerda de un picnic nunca es lo que se comió, sino la sobremesa tumbada mirando las ramas.

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