Carnavales de España: qué hace único a cada uno
Chirigotas, cigarrones, guerras de caramelos y polvos de talco: repaso a los carnavales españoles más singulares y a lo que conviene tener claro antes de disfrazarte.
Huele a fiesta y a peluca de mercadillo. En unos sitios se sale con chirigota y en otros con cencerros; en algunos pueblos el disfraz pesa veinte kilos y en otros basta con un antifaz y unas ganas enormes de no ser reconocida. El Carnaval español no es una sola cosa, y ahí está su gracia.
Cádiz: el carnaval que se canta
En Cádiz lo importante no es el disfraz, es la letra. Chirigotas, comparsas, coros y cuartetos se pasan meses escribiendo coplas que repasan lo divino y lo humano con una mala intención muy trabajada. El concurso oficial llena el teatro, pero el alma está en la calle: en los grupos que van de esquina en esquina, en los coros sobre carrozas y en el tipo, ese disfraz colectivo con retranca que la ciudad entiende en dos segundos.
Alrededor de todo eso hay comida: jornadas dedicadas al erizo y al ostión, puestos de pescado frito y ese ambiente de plaza en el que da igual la hora. Si vas por primera vez, no intentes verlo todo. Elige un día, callejea y déjate llevar por donde suene una guitarra.
Canarias: plumas, tacones y calle
El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y el de Las Palmas de Gran Canaria funcionan casi como una industria: murgas, comparsas, grupos de baile, galas multitudinarias y trajes de fantasía que tardan un año en confeccionarse. La gala de elección de la reina es un espectáculo en sí mismo, con estructuras enormes que se mueven sobre ruedas porque no hay cuerpo capaz de sostenerlas.
Luego llegan la cabalgata y el Carnaval de Día, cuando la fiesta se traslada al mediodía y la ciudad entera se disfraza sin excusas. Y en Santa Cruz de La Palma está uno de los momentos más fotografiados del archipiélago: la fiesta de Los Indianos, con todo el mundo vestido de blanco y una batalla de polvos de talco que deja las calles como una nevada.
Ourense: máscaras con siglos encima
El Entroido gallego tiene personajes que impresionan de verdad. Los peliqueiros de Laza, los cigarrones de Verín y las pantallas de Xinzo de Limia recorren los pueblos con máscaras talladas, cinturones de cencerros y una autoridad ritual que nadie discute: si te señalan, la broma es contigo. Es un carnaval de fuego, harina, hormigas y farrapada, más ancestral que festivalero, y merece verse al menos una vez.
Pirineos y Navarra: el carnaval más antiguo
- Bielsa (Huesca): las trangas, con cuernos, pieles y la cara tiznada, y la figura de la Madama como contrapunto.
- Ituren y Zubieta (Navarra): los joaldunak avanzan en fila haciendo sonar cencerros enormes para despertar la tierra.
- Lanz (Navarra): el muñeco Miel Otxin protagoniza un juicio popular que termina en hoguera.
- Solsona (Lleida): el burro colgado, los gigantes y una fiesta con fama de irreverente.
Levante y Cataluña: caramelos, sardinas y desfiles
En Águilas (Murcia), Vinaròs (Castellón) y Sitges o Villanueva y la Geltrú (Barcelona) manda el desfile: comparsas, plumas, coreografías y, en el caso de Villanueva, una guerra de caramelos que conviene mirar de lejos si llevas gafas. Muchas de estas fiestas terminan con el entierro de la sardina, un cortejo fúnebre de mentira, con lloronas exageradas y una sardina de cartón que acaba en llamas para cerrar el ciclo antes del Miércoles de Ceniza.
Antes de disfrazarte, cuatro cosas prácticas
- Todavía es invierno. El disfraz precioso de tul se sufre a las tres de la mañana. Piensa en capas debajo, calzado en el que puedas andar horas y algo de abrigo que no te importe perder.
- Cuidado con el maquillaje. Usa pinturas específicas para la piel, no témperas ni pinturas de manualidades, y prueba una pequeña cantidad en el antebrazo el día antes si tienes piel sensible. Al volver, desmaquilla bien: el purpurina y las bases grasas tapan poros.
- Las lentillas de fantasía no son un complemento. Son un producto sanitario; si las quieres, que pasen por un óptico. Comprarlas en un puesto de disfraces es jugársela con los ojos.
- Con niños, mejor de día. Casi todas las ciudades tienen desfiles infantiles y talleres por la tarde. Y un punto de encuentro acordado antes de entrar en la multitud vale más que cualquier consejo.
Cómo elegir tu plan
Si te apetece reír con letra fina, Cádiz. Si quieres espectáculo y plumas, Canarias. Si buscas algo que te ponga los pelos de punta por lo antiguo, Ourense o los Pirineos. Y si no te apetece viajar, casi cualquier pueblo tiene su pasacalles, su concurso de disfraces y su sardina.
El único requisito real del Carnaval es aceptar que durante unos días las normas se aflojan. No hace falta el disfraz más caro ni el más ingenioso: hace falta salir a la calle.