Qué ponerse en una primera cita: el criterio que resuelve la duda
La pregunta no es qué está de moda, es dónde vais y si vas a estar cómoda tres horas. Cuatro escenarios y qué funciona en cada uno.
La ansiedad de la primera cita se concentra en el armario, y casi siempre por la pregunta equivocada. No se trata de acertar con la tendencia: se trata de que puedas olvidarte de lo que llevas puesto durante las tres horas siguientes.
El criterio que ordena todo
Si estás pendiente de que no se te vea el sujetador, de que el tacón aguante o de que el vestido no se suba, esa atención no está en la conversación. Y la conversación es lo único que importa esa noche.
Así que: nada estrenado sin probar. Estrenar zapatos en una primera cita es garantía de ampollas y de acabar antes de tiempo. Si quieres estrenar, hazlo con una prenda que ya te hayas probado y hayas comprobado que se comporta bien.
Según el plan
Un café o una caña por la tarde. El escenario más informal y el más frecuente. Vaquero que te siente bien, camiseta o camisa, chaqueta y zapatilla o botín. Un vestido de noche aquí desentona y se nota.
Cena en un sitio normal. Vaquero oscuro o pantalón, blusa o top con algo por encima, botín o zapato con algo de tacón. Si quieres vestido, mejor de largo midi y tejido con caída.
Restaurante formal. Vestido midi, mono o pantalón de vestir con top bonito. Aquí sí tiene sentido subir el registro.
Plan activo —un paseo, un mercadillo, una exposición, ir en bici—. Manda la funcionalidad: calzado cómodo de verdad, capas por si cambia el tiempo, nada que se arrugue al sentarse en cualquier sitio.
Si no sabes cuál es el plan, pregúntalo. No es poco elegante: es práctico, y además demuestra interés.
Las capas resuelven casi todo
Es el mejor consejo práctico. Una terraza a las nueve de la noche en primavera pasa de agradable a fría en media hora, y un restaurante con aire acondicionado en agosto puede ser un congelador.
Una chaqueta ligera, una camisa por encima o un jersey fino que quepa en el bolso te quita el problema de encima.
Lo que suele fallar
- Ropa demasiado ajustada justo antes de cenar. Es más común de lo que parece y arruina la segunda mitad de la noche.
- Tacón sin rodaje. Si no andas habitualmente con tacón, no es la noche de empezar.
- Escote o largo que obligue a vigilar. No es una cuestión de recato: es de atención.
- Perfume en exceso. En distancia corta, mucho más de lo que crees.
- Ropa que no eres tú. Si el conjunto no se parece a cómo vistes normalmente, se nota, y además tú te sientes disfrazada. Y si la cosa sigue, en la segunda cita apareces de otra manera.
Los detalles que sí se notan
Manos y uñas cuidadas —se ven todo el rato en una mesa—, ropa limpia y planchada, zapatos en buen estado. Son cosas discretas que se registran sin pensarlas, mucho más que la marca de nada.
Y una bolsa pequeña con lo imprescindible: no llegar con un bolso enorme que no sabes dónde dejar es más práctico de lo que parece.
El maquillaje
El que te haces normalmente, hecho con un poco más de cuidado. La primera cita no es el día de estrenar una técnica nueva ni un color que no has llevado.
Si hay posibilidad de que la cosa se alargue, algo que aguante: base con fijador, labial de larga duración o un tinte, y máscara resistente al agua si eres de emocionarte o si hace calor.
Lo que de verdad importa
Sonar como tú, escuchar, y no estar pendiente del espejo. Todo lo anterior está al servicio de eso: si al terminar la noche no recuerdas qué llevabas puesto, has acertado.