Saltar al contenido
RSS
Mujer21
Hombre21

Abrigo de hombre: paño, plumas o parka, cuál te sirve

Cae la temperatura y toca sacar el abrigo. Te contamos qué tipo aguanta mejor cada situación, cómo saber si la talla es la tuya y qué mirar en la etiqueta.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Hombre con abrigo de paño en la calle en un día de otoño
Compartir

El abrigo es la prenda que más se ve y la que menos se cambia: se lleva puesto todos los días durante meses y se compra cada muchos años. Por eso merece pensarlo diez minutos antes, y no salir con lo primero que quede bien en el espejo de la tienda.

Primero, para qué lo quieres

Casi todos los errores vienen de comprar el abrigo equivocado para la vida que uno lleva. Antes de mirar tejidos, responde a tres preguntas: ¿lo vas a usar sobre traje o sobre sudadera? ¿Cuánto tiempo pasas a la intemperie de verdad, más allá de ir del coche a la puerta? ¿Llueve mucho donde vives?

Quien va en transporte público con abrigo largo y paraguas necesita otra cosa que quien saca al perro a las siete de la mañana. Y si la respuesta es «las dos cosas», lo lógico es un abrigo formal y otro de batalla, no uno híbrido que no sirve para ninguna de las dos.

Los cuatro tipos que cubren el 90 % de los casos

  • Abrigo de paño. El clásico recto, hasta la rodilla o un poco por encima, con solapa. Es el que funciona sobre traje, americana o jersey, y el que hace que cualquier conjunto parezca más cuidado. Abriga bien si el tejido tiene peso, pero no es impermeable ni cortavientos.
  • Chaquetón o duffle. Más corto, más ancho, en lana gruesa. Cómodo para diario y menos ceremonioso que el paño. Buena opción si te agobia el largo hasta la rodilla.
  • Plumas o acolchado. Lo más caliente por peso y lo más práctico para frío seco, viaje y coche. Pierde en formalidad: sobre traje casi siempre queda raro, salvo los modelos finos y sin brillo.
  • Parka. Con capucha, tejido técnico y bolsillos grandes. La opción para lluvia, viento y días de mucho trajín. Deportiva por definición: no intentes ponerla de abrigo de boda.

La talla: mira los hombros y luego lo demás

El único punto que no se arregla es la costura del hombro. Debe caer justo donde acaba tu hombro, ni colgando por el brazo ni subida. Si eso está bien, lo demás se puede ajustar en un arreglo.

  • Pruébalo con lo que vas a llevar debajo. Si es para americana o jersey grueso, ve a la tienda con algo parecido puesto. Muchos abrigos «que me quedaban perfectos» se quedaron en el armario por eso.
  • Cruza los brazos hacia delante. Si tira en la espalda o se abre el pecho, te queda pequeño.
  • La manga debe llegar a la muñeca y dejar asomar un centímetro de camisa como mucho.
  • El largo es cuestión de proporción: en general, cuanto más alto seas, mejor aguantas el abrigo largo. Por debajo de la rodilla, cuidado: acorta visualmente si no eres muy alto.
  • Abotonado y desabotonado. Se lleva de las dos formas, así que tiene que caer bien en ambas.

Qué mirar en la etiqueta

En un abrigo de paño de lana, el porcentaje manda. Cuanto más alta la proporción de lana, mejor aísla y mejor cae; mezclas con mucho poliéster abrigan menos y hacen bolitas antes. El cachemir es suave y ligero, pero se desgasta con el roce de la mochila y del cinturón de seguridad.

En una chaqueta de plumas, el relleno natural (plumón) abriga más por peso y se comprime mejor; el sintético aguanta mejor la humedad y se lava más fácil. Mira también si las costuras de los canutos están selladas y si la cremallera tiene solapa por encima: ahí se cuela el aire.

En parkas, busca capucha ajustable, puños que cierren y costuras termosellada si de verdad va a llover. «Repelente al agua» y «impermeable» no son lo mismo.

Color, y por qué el negro no siempre es la respuesta

Azul marino, gris medio, gris oscuro y camel combinan con prácticamente todo y se ven menos tristes que el negro a media tarde. El camel es el más elegante y el que más se mancha. Si vas a tener un solo abrigo formal, el marino es la apuesta más segura: va con vaqueros y con traje.

Que llegue al invierno siguiente

  • Cuélgalo en percha ancha, nunca en el respaldo de la silla ni en un gancho por el cuello.
  • Pásale un cepillo de ropa cada pocos usos: el pelo de la lana se recupera y se va el polvo, que es lo que apaga el color.
  • Manchas puntuales, en frío y con un paño húmedo. A la tintorería, una o dos veces por temporada como mucho: el disolvente reseca la fibra.
  • Al guardarlo, limpio y en funda de tela (no de plástico), con antipolillas de cedro o lavanda.

Resumiendo: decide primero el uso, comprueba los hombros y no compres nada que no te veas poniéndote un martes cualquiera. Un abrigo bien elegido se amortiza a la décima vez que sales de casa sin pensar qué ponerte.

¿Te ha servido? Compártelo

También te puede interesar