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Camisas: cómo saber si te queda bien y cuáles merecen la pena

Cuatro puntos de comprobación en el probador. Qué tejido para cada uso y por qué el cuello decide la talla.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Camisas de hombre en el armario
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La camisa es la prenda donde más se nota que algo no encaja, y casi siempre por los mismos cuatro sitios.

Los cuatro puntos de comprobación

1. Los hombros. Es lo primero y lo único que no tiene arreglo. La costura del hombro debe caer justo en el borde del hueso del hombro. Si cae por dentro, la camisa es pequeña; si cae por fuera, sobra tela y el brazo se ve caído.

Todo lo demás se puede arreglar. Esto no.

2. El cuello. Abrochado, debe caber cómodamente un dedo entre el cuello y la nuez. Si no cabe, aprieta; si caben dos, baila.

En camisas de vestir, la talla se expresa en centímetros de cuello precisamente por esto.

3. Las mangas. El puño debe llegar a la base del pulgar, cubriendo la muñeca. Con americana, debe asomar aproximadamente un centímetro de puño por debajo de la manga de la chaqueta.

Y el puño debe quedar ajustado: si se desliza por la mano al bajar el brazo, es grande.

4. El cuerpo. Debe permitir pellizcar unos centímetros de tela a cada lado, sin que quede globo. Y el largo: con la camisa por dentro, debe cubrir el trasero; si es para llevar por fuera, debe terminar a media bragueta aproximadamente y con los faldones rectos, no redondeados.

Prueba final: cruzar los brazos por delante. Si tira mucho en la espalda o se sale de dentro del pantalón, es pequeña.

Los tejidos

Popelín. Liso, fino y algo brillante. El más formal. Se arruga bastante.

Oxford. Más grueso y con textura visible. Más informal y muy resistente. Es la camisa de diario por excelencia y arruga menos.

Twill o sarga. Diagonal en el tejido, con caída suave y menos arrugas. Buen equilibrio.

Lino. Fresquísimo en verano y se arruga inevitablemente, que es parte de su carácter.

Franela. Cálida, para invierno, informal.

Sobre las mezclas con poliéster: arrugan menos y transpiran peor. Para uso de oficina en verano, el algodón puro compensa aunque haya que plancharlo.

Y un dato útil: el número de hilos —80/2, 120/2— indica la finura del hilo. Más alto es más fino y suave, y también más delicado.

Los cuellos

  • Italiano o cutaway, con puntas muy abiertas: más formal, va bien con nudos de corbata grandes y favorece a caras estrechas.
  • Inglés o clásico, puntas más cerradas: versátil, favorece a caras redondas.
  • Button down, con las puntas abotonadas: informal, típico de la camisa Oxford. No se usa con traje muy formal.
  • Mao, sin cuello: informal, y no admite corbata.

Cuáles merecen la pena

Un fondo de armario de camisas útil:

  • Blanca lisa de popelín, para lo formal.
  • Azul claro lisa, la más versátil de todas.
  • Oxford azul, para el día a día.
  • Una de cuadros o rayas discretas, informal.
  • Una de lino, para verano.

Con eso se cubre prácticamente todo. Es mejor tener cinco camisas que sientan bien que quince que quedan regular.

Cuidarlas

  • Lavar a 30 grados, del revés y con los botones abrochados: evita que se enganchen y que se deforme el cuello.
  • Poco centrifugado, que es lo que produce las arrugas más difíciles.
  • Colgar nada más terminar el programa, estirando cuello y puños con las manos. Si se hace bien, muchas apenas necesitan plancha.
  • Planchar ligeramente húmedas, empezando por cuello, puños, mangas y terminando por el cuerpo.
  • Percha, no doblada, y con el primer botón abrochado.
  • El cerco del cuello: un poco de detergente frotado antes del lavado lo resuelve, y es lo que estropea antes una camisa blanca.

Y algo que compensa: un arreglo de sastre para entallar el cuerpo cuesta muy poco y convierte una camisa correcta en una que parece hecha a medida.

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