Subir fotos de tus hijos a redes: lo que conviene pensar antes
El niño no puede consentir y la huella queda. No se trata de prohibirlo, sino de saber qué implica cada publicación.
Se le llama sharenting, de share y parenting. Casi todos los padres lo hacen y casi ninguno se ha parado a pensarlo del todo, porque la costumbre se instaló mucho antes que la reflexión.
Los cuatro problemas
El consentimiento. Un niño de tres años no puede decidir sobre su imagen pública. Y quien la publica está tomando por él una decisión que va a durar más que su infancia. Cuando llegue a la adolescencia, ese material existirá y él no habrá tenido voz.
La permanencia. Una foto publicada puede haber sido copiada, guardada e indexada antes de que la borres. Borrar en tu perfil no elimina las copias.
La agregación de datos. Este es el que menos se ve. Una foto sola no dice mucho. Pero la suma de publicaciones —el uniforme del colegio, el nombre, la fecha de cumpleaños, el parque de siempre, las vacaciones anunciadas— construye un perfil bastante completo, y la casa vacía en agosto queda anunciada de paso.
El uso indebido. Existen casos documentados de imágenes de menores tomadas de perfiles públicos y reutilizadas en contextos que nadie querría, incluidas páginas de contenido inapropiado. Las fotos en bañador o en la bañera son las de mayor riesgo.
Lo que dice la ley en España
El derecho a la propia imagen del menor está protegido por la Ley Orgánica 1/1982 y por la normativa de protección del menor. Los padres, como titulares de la patria potestad, pueden consentir su uso, pero siempre en interés del menor: el Ministerio Fiscal puede intervenir si esa publicación resulta contraria a sus intereses.
Y un punto importante en familias separadas: para publicar imágenes de un hijo hace falta el acuerdo de ambos progenitores. Es una fuente frecuente de conflicto y los tribunales se han pronunciado en ese sentido.
A partir de los 14 años, el menor puede consentir por sí mismo el tratamiento de sus datos en servicios de la sociedad de la información.
Criterios prácticos
No hace falta llegar al todo o nada. Lo que ayuda:
- Perfil privado y revisar de verdad quién está en la lista. La mayoría tenemos ahí a gente con la que no compartiríamos una foto en papel.
- Nada de desnudos ni bañeras, por inocente que parezca.
- Sin datos identificativos: uniforme del colegio con escudo, nombre de la calle, matrícula, número del portal.
- Quita la geolocalización de las fotos y no publiques en tiempo real dónde estáis.
- Publica después, no durante. Vale para el viaje y para el parque.
- Pregúntale a partir de los cinco o seis años. No es simbólico: es el momento en que empiezan a entender que hay gente mirando. Y si dice que no, se respeta.
- La prueba del futuro: ¿le gustaría a tu hijo de dieciséis años que esta foto siguiera ahí? Si la respuesta es dudosa, no la subas.
Alternativas
Un grupo de mensajería con la familia cercana cubre el 90% de lo que se quiere compartir, sin exponerlo a nada. Un álbum compartido privado con abuelos y tíos, lo mismo.
La foto sin cara —de espaldas, de las manos, del detalle— cuenta lo mismo y no identifica.
Y una conversación pendiente
Vale la pena hablarlo también con los abuelos y con los amigos que suben fotos de eventos. Pedir que no publiquen imágenes de tus hijos sin preguntar no es una manía: es exactamente lo mismo que tú estás decidiendo hacer.