Guantes: qué material elegir y cómo acertar con la talla
Hay guantes preciosos con los que se te quedan las manos heladas. El material, el forro y la talla explican casi todo: así se elige bien.
Te compras unos guantes bonitos, sales a la calle el primer día de frío de verdad y a los diez minutos tienes las manos igual de heladas que sin ellos. No es mala suerte: casi siempre es el material, el forro o una talla que no es la tuya. Y las tres cosas se pueden resolver antes de pagar.
Por qué unos guantes no abrigan
Un guante no calienta: retiene el calor que genera tu mano. Para eso necesita dos cosas, aire atrapado entre las fibras y protección frente al viento. Los que fallan suelen pecar de una de estas:
- Demasiado finos y sin forro. Un guante de punto fino deja pasar el aire como un colador.
- Demasiado apretados. Si comprimen la mano, cortan la circulación y no dejan hueco para esa capa de aire. Por eso unos guantes pequeños abrigan menos que los de tu talla.
- Mojados. La lana húmeda todavía templa algo; el algodón mojado es una nevera. Si vas a estar bajo lluvia o nieve, necesitas algo impermeable por fuera.
Los materiales, uno a uno
No hay un material mejor que otro: hay uno mejor para lo que tú haces cada día.
- Piel (napa, cabritilla). Corta el viento como ninguno y queda elegante con abrigo de paño. El problema es que la piel sola abriga poco: lo que marca la diferencia es el interior. Unos guantes de piel forrados en lana, cachemir o pelo sintético son la opción más versátil para ciudad; sin forro, son casi decorativos.
- Lana y mezclas de lana. Calientes, transpirables y cómodos, pero el punto deja pasar el aire y se mojan con facilidad. Perfectos para frío seco y trayectos cortos.
- Cachemir. Suavísimo y muy cálido para lo que pesa. Delicado: se engancha y hace bolitas. Suele funcionar mejor como forro que como exterior.
- Acrílico y poliéster. Los más baratos. Aguantan bien el lavado y no pican, pero transpiran menos y acaban dando sensación de mano sudada y fría.
- Técnicos (nailon, membranas, relleno sintético o plumón). Los de montaña o esquí. Feos con abrigo de vestir, imbatibles con frío real, viento o nieve.
Un truco que funciona con frío intenso: un guante fino de seda o lana muy delgada debajo de otro más grueso. Dos capas abrigan más que una sola del mismo grosor total.
La talla: cómo medirla en casa
Casi nadie sabe su talla de guante y es de las pocas prendas en las que un centímetro se nota.
- Con un metro de costura, mide el contorno de la palma de tu mano dominante por la parte más ancha, sin incluir el pulgar.
- Pasa la medida a pulgadas (divide los centímetros entre 2,54). Ese número aproximado es tu talla en las marcas que usan numeración: 7, 7 y medio, 8…
- Si la marca va por S-M-L, mira su tabla: no son equivalentes entre tiendas.
Al probártelos, la costura entre los dedos debe llegar al nacimiento de los tuyos y tienes que poder cerrar el puño sin que tire del dorso. En piel, cuenta con que ceden un poco con el uso; en punto, no esperes milagros al revés: un guante grande se mueve y no abriga.
Táctiles, manoplas y otras variantes
- Guantes táctiles. Llevan hilo conductor en las yemas. Si usas mucho el móvil en la calle, ahorran el numerito de descalzarte una mano en cada semáforo. La sensibilidad es limitada: vale para contestar, no para escribir un correo.
- Manoplas. Abrigan más que los guantes de dedos porque los dedos se dan calor entre sí. Si eres de las que siempre tienen las manos frías, unas manoplas de lana resuelven lo que no resuelve ningún guante fino.
- Mitones y modelos convertibles. Cómodos para conducir, llevar al perro o usar llaves, pero las yemas quedan al aire.
- Puño largo. Los que se meten por dentro de la manga evitan la franja de muñeca al descubierto, que es por donde se escapa buena parte del calor.
Cómo cuidarlos para que duren
- Piel: nunca al radiador ni al sol. Si se mojan, se secan a temperatura ambiente y lejos del calor directo, o se agrietan. Una crema específica para piel una o dos veces por temporada los mantiene flexibles.
- Lana y cachemir: lavado a mano en agua fría o templada con jabón suave, sin retorcer, y secado en plano sobre una toalla. Si cuelgan mojados, se deforman.
- Guárdalos en pareja y en un cajón, no hechos un ovillo en el bolsillo del abrigo: así no pierdes uno ni se deforma el otro.
Resumiendo: mide tu mano antes de comprar, mira el forro y no solo el exterior, y elige según dónde vas a llevarlos. Unos buenos guantes duran años; unos que no abrigan acaban en el fondo del cajón el segundo día.