Berrea del ciervo: cómo ir a escucharla sin molestar
El bramido de los ciervos en celo es uno de los grandes espectáculos del otoño español. Se disfruta mejor sabiendo dónde ponerse, a qué hora y qué no hacer.
Hay un sonido de otoño que no se olvida: un bramido ronco que sale del monte al atardecer y se responde desde la ladera de enfrente. Es la berrea, la época de celo del ciervo, y en muchas zonas de España se puede escuchar sin ser experta ni pagar un pastón. Lo que sí hace falta es ir con cabeza, porque el sitio se llena de gente y buena parte de ella hace justo lo que no debe.
Qué es exactamente y cuándo pasa
Durante unas semanas de finales de verano y principios de otoño, los machos compiten por las hembras. Braman para marcar territorio, para medirse a distancia y para evitar, siempre que puedan, la pelea física. Cuando el aviso sonoro no basta, se enzarzan a cornadas.
Suele arrancar hacia mediados de septiembre y estirarse hasta principios de octubre, aunque varía cada año según el calor y las lluvias. Un otoño que entra tarde retrasa el celo. Antes de salir, merece la pena llamar al centro de visitantes del parque: te dirán si ya está fuerte o si conviene esperar una semana.
Dónde se escucha bien en España
No hace falta irse al fin del mundo. Algunos de los sitios clásicos:
- Monfragüe y el entorno de la dehesa extremeña, uno de los escenarios más conocidos.
- Cabañeros y los montes de Toledo, con rasos amplios donde se ven bien los grupos.
- Sierra de Andújar, en Jaén, con vehículo y mucha paciencia.
- Sierra de Guadarrama y la zona de Riaza-Somosierra, práctica si sales desde Madrid.
- Montaña asturiana y leonesa, y varios valles del Pirineo, con un ambiente más de bosque cerrado.
En casi todos hay empresas locales y guardería del parque que organizan salidas guiadas. Si es tu primera vez, compensa: conocen los puntos donde los animales salen de verdad y evitan que te plantes tres horas en el sitio equivocado.
La hora y el sitio
Los mejores momentos son las dos horas antes de que anochezca y las dos primeras de luz por la mañana. Al atardecer suele haber más gente; al amanecer, más animales tranquilos y menos coches.
Colócate en un mirador o en un alto desde el que se domine un valle o un raso, siempre con el viento de cara: si el aire va desde ti hacia los ciervos, huelen a la gente y se retiran. Y llega con antelación, con calma, sin dar portazos. La observación empieza cuando el grupo se calla.
Lo que no se hace
Aquí es donde se estropea el plan para todo el mundo:
- No te bajes del coche ni te salgas de los caminos y miradores señalizados en los parques donde así se indica.
- Nada de acercarse a un macho. En celo está alterado y es un animal grande con cuernas. No es un decorado ni una foto de móvil.
- Nada de reclamos ni de imitar el bramido con aplicaciones del teléfono: haces que los machos se desplacen y gasten energía en falso.
- Fuera focos y flashes. Si necesitas luz para andar, usa la intensidad mínima y apúntala al suelo.
- Silencio y móviles en silencio. Los grupos hablando en voz alta vacían un raso en dos minutos.
- No dejes rastro: ni basura, ni restos de comida, ni perros sueltos.
Qué llevar
La lista es corta y marca la diferencia entre pasarlo bien y volverte antes de tiempo:
- Ropa de abrigo en capas y de colores apagados. En cuanto se va el sol, en la dehesa y en la montaña refresca de golpe.
- Calzado cerrado con suela, aunque no vayas a caminar mucho.
- Unos prismáticos sencillos: son más útiles que cualquier teleobjetivo si no eres fotógrafa.
- Una linterna frontal con luz roja para el camino de vuelta, que molesta mucho menos a la fauna.
- Un termo con algo caliente y algo de picar, sin envoltorios ruidosos.
- Repelente si vas a zona de agua, y una manta fina para sentarte.
Con niños y en la carretera
Con peques funciona mejor la salida del amanecer que la del atardecer: aguantan más y hay menos frío acumulado. Explícales antes que el juego consiste en escuchar, no en ver, y llévales algo caliente para el rato de espera. Menos de una hora de quietud es lo razonable a partir de los seis o siete años.
Y un aviso serio: en estas semanas los animales se mueven mucho y cruzan carreteras al alba y al anochecer. Reduce la velocidad en los tramos señalizados, no confíes en las luces largas y recuerda que, si aparece uno, casi siempre viene otro detrás. Muchos sustos de la berrea no ocurren en el monte, sino en la vuelta a casa.
Si vuelves sin haber visto un solo ciervo pero has escuchado bramar el valle entero, el plan ha salido bien.
La berrea no se caza con la cámara: se escucha. Elige un buen punto, siéntate, cállate y deja que el monte haga el resto.