Fiebre en niños: cuándo hay que ir al médico y cuándo no
La fiebre no es la enfermedad, es la respuesta. Lo que importa no es el número del termómetro sino cómo está el niño.
La fiebre angustia a los padres más que casi cualquier otro síntoma, y en la mayoría de los casos es una respuesta normal y útil del organismo frente a una infección, casi siempre viral. La clave para decidir no está en la cifra: está en el estado del niño.
Qué es fiebre
Se considera fiebre a partir de 38 ºC medidos en el recto, o 37,5 ºC en la axila. Entre 37 y 38 se habla de febrícula.
La altura de la fiebre no indica gravedad. Un catarro puede dar 39,5 ºC y una infección seria puede cursar con poca fiebre. Lo que orienta es cómo está el niño cuando le baja la temperatura: si entonces juega, bebe y responde con normalidad, es tranquilizador.
Ir a urgencias sin esperar
- Menores de 3 meses con cualquier fiebre. Sin excepciones y sin dar antitérmico antes: a esa edad las defensas son inmaduras y hay que valorarlo siempre.
- De 3 a 6 meses, fiebre alta o si no está bien.
- Manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas con un vaso transparente.
- Rigidez de nuca, dolor de cabeza intenso, fotofobia.
- Dificultad para respirar: respiración rápida, quejido, hundimiento entre las costillas, aleteo nasal.
- Somnolencia excesiva o dificultad para despertarlo; irritabilidad extrema o llanto inconsolable.
- Convulsión.
- Signos de deshidratación: no orina en más de 8-12 horas, boca seca, llora sin lágrimas, ojos hundidos.
- Vómitos persistentes que impiden beber.
- Fiebre en un niño con enfermedad crónica o inmunodepresión.
Consultar al pediatra sin urgencia
Fiebre de más de tres días sin foco claro; fiebre que reaparece tras varios días sin ella; dolor de oído; molestias al orinar; o simplemente si tienes dudas. Y una cosa que conviene decir: la intuición de los padres de que «este niño no está como otras veces» acierta a menudo y los pediatras la valoran.
Cómo medir
El método más fiable en menores de 4 años es el rectal, aunque el axilar es aceptable y más cómodo. Un termómetro digital sencillo es suficiente; los de infrarrojos de frente son cómodos pero menos precisos, sobre todo si el niño viene de la calle o ha llorado.
No midas justo después de un baño caliente, de comer o si va muy abrigado.
Qué hacer en casa
El objetivo del antitérmico no es bajar la fiebre a 36,5: es que el niño esté cómodo. Si tiene 38,5 y está jugando, no hace falta dárselo.
- Ofrece líquidos a menudo, en pequeñas cantidades. Es lo más importante.
- Ropa ligera, habitación a temperatura agradable.
- Paracetamol o ibuprofeno según edad, peso e indicación del pediatra. El ibuprofeno no se usa en menores de 6 meses.
- La dosis se calcula por peso, no por edad. Y se apunta la hora de cada toma: es facilísimo perder la cuenta.
Lo que no hay que hacer
Alternar paracetamol e ibuprofeno por sistema. No hay evidencia de que sea mejor y multiplica los errores de dosificación. Solo si el pediatra lo indica expresamente.
Baños de agua fría, hielo o friegas de alcohol. Provocan escalofríos, que suben la temperatura, y el alcohol se absorbe por la piel: es peligroso.
Abrigar para «sudar la fiebre». Impide que el cuerpo pierda calor.
Dar aspirina a niños o adolescentes: se asocia al síndrome de Reye.
Despertarlo para darle el antitérmico. Dormir le viene mejor.
Las convulsiones febriles
Ocurren en alrededor de un 3-4% de los niños entre 6 meses y 5 años, impresionan muchísimo y en su forma simple son benignas y no dejan secuelas. Si pasa: túmbalo de lado, retira lo que haya alrededor, no le metas nada en la boca, no lo sujetes, y mira la hora. Si dura más de 5 minutos, llama al 112. La primera vez siempre hay que consultar.