Cómo oye un bebé: qué reacciones son normales y cuáles hay que consultar
El oído funciona ya dentro del útero y es el sentido más desarrollado al nacer. Qué respuestas esperar a cada edad y qué señales merecen una consulta.
El oído es el sentido que llega más maduro al nacimiento. Hacia la semana 25 de embarazo el feto ya responde a sonidos, y al nacer reconoce la voz de su madre y la melodía del idioma que ha oído esos meses. La vista, en cambio, tarda meses en afinarse.
El cribado de los primeros días
En España se hace a todos los recién nacidos antes del alta o en las primeras semanas: son las otoemisiones acústicas, una prueba de un par de minutos, indolora, que se hace con el bebé dormido.
Un resultado que obliga a repetir la prueba no significa sordera. La causa más frecuente es simplemente restos de líquido en el oído medio, normal en los primeros días. Se repite y suele salir bien. Pero si citan para una segunda prueba, hay que acudir: la detección precoz cambia por completo el pronóstico del desarrollo del lenguaje.
Qué reacciones esperar
Recién nacido: ante un ruido fuerte y repentino, el reflejo de Moro —abre los brazos y los cierra— o un parpadeo brusco. Se calma con voces suaves y conocidas.
2-3 meses: se queda quieto al oír una voz familiar, empieza a sonreír al oírte antes de verte.
4-6 meses: gira la cabeza buscando la fuente del sonido. Empieza a balbucear y a variar los tonos.
7-12 meses: responde a su nombre, entiende «no» y «adiós», imita sonidos, disfruta con juguetes que suenan.
12-18 meses: señala cosas que se le nombran, dice sus primeras palabras, sigue órdenes sencillas.
Señales que conviene consultar
- No se sobresalta con ruidos fuertes en los primeros meses.
- A los seis meses no gira la cabeza hacia los sonidos.
- Al año no responde a su nombre ni balbucea.
- Balbuceaba y ha dejado de hacerlo. Esta es de las más importantes y de las que más pasan desapercibidas.
- A los 18 meses no dice ninguna palabra.
- Solo reacciona cuando te ve, no cuando le hablas desde fuera de su campo visual.
- Sube mucho el volumen o se acerca demasiado a las fuentes de sonido, en niños más mayores.
Ninguna de estas señales significa por sí sola un problema de audición —hay bebés tranquilos y ritmos distintos—, pero todas son motivo suficiente para comentarlo en la revisión del pediatra. Y una cosa importante: la intuición de los padres de que «no oye bien» acierta más de lo que se suele reconocer. Si la tienes, dilo aunque las pruebas iniciales salieran normales.
La otitis serosa, la causa más frecuente
Muchas pérdidas auditivas en la infancia no son permanentes: son por acumulación de líquido en el oído medio tras catarros repetidos. Puede no doler y pasar meses sin detectarse, y mientras tanto el niño oye como debajo del agua, justo en la etapa en que está aprendiendo a hablar. Si hay retraso del lenguaje o catarros de repetición, merece revisión.
Cuidar el oído desde el principio
Nada de bastoncillos: empujan la cera hacia dentro y pueden dañar el tímpano. La cera sale sola. Y cuidado con el volumen: juguetes ruidosos pegados al oído, auriculares en niños mayores y ambientes muy ruidosos hacen daño acumulativo. Si hay que estar en un sitio con mucho ruido —una verbena, un concierto—, existen orejeras infantiles de protección.