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Salud y Belleza

Dispareunia: el dolor en las relaciones que no hay que normalizar

Afecta a una proporción alta de mujeres en algún momento y casi siempre tiene causa identificable y tratamiento. Lo que no tiene es que aguantarse.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Dispareunia: el dolor en las relaciones que no hay que normalizar
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Dispareunia es el término médico para el dolor genital persistente o recurrente asociado a las relaciones sexuales. Los estudios sitúan la prevalencia en un rango amplio, pero coinciden en algo: es frecuente, y una proporción alta de las mujeres que lo sufren no lo consulta nunca.

El motivo de ese silencio suele ser la idea de que «es normal», «ya se pasará» o que es un problema psicológico del que da apuro hablar. En la mayoría de los casos hay una causa física identificable y tratamiento.

Dónde duele

La localización orienta mucho, y es lo primero que preguntará el profesional.

Dolor superficial, en la entrada: suele relacionarse con sequedad, infecciones, dermatitis de la zona, cicatrices de un parto o de una episiotomía, vestibulodinia, o con contractura de la musculatura del suelo pélvico.

Dolor profundo, durante la penetración profunda: puede tener que ver con endometriosis, miomas, quistes ováricos, enfermedad inflamatoria pélvica o adherencias tras una cirugía.

Las causas más frecuentes

  • Sequedad vaginal. Muy común en la menopausia por el descenso de estrógenos, y también durante la lactancia, con anticonceptivos hormonales o con algunos antidepresivos.
  • Contractura del suelo pélvico. La musculatura se mantiene en tensión de forma involuntaria. Es muy frecuente y muy tratable, y suele pasar desapercibida.
  • Infecciones vaginales o urinarias, de repetición o mal resueltas.
  • Endometriosis. El dolor profundo con las relaciones es uno de sus síntomas característicos, y de los que más retrasan el diagnóstico porque no se consulta.
  • Posparto. Cicatrices, cambios hormonales y suelo pélvico alterado. Frecuente y con solución.
  • Dermatosis vulvares, como el liquen escleroso, que requieren diagnóstico y tratamiento específicos.

El círculo que se forma

Hay un mecanismo que conviene entender porque explica por qué el problema se agrava si no se trata. El dolor genera anticipación de dolor; esa anticipación provoca tensión muscular y menor lubricación; y eso, a su vez, provoca más dolor.

Por eso el componente emocional es real, pero no es «la causa»: es parte del círculo. Y por eso el tratamiento suele combinar el abordaje físico con el psicológico, no elegir uno.

Qué hacer

Pedir cita. Con el médico de familia o directamente con ginecología. La exploración permite localizar el dolor con precisión y descartar causas concretas.

Ayuda mucho llegar con información: desde cuándo ocurre, si siempre o solo a veces, si es superficial o profundo, si ha cambiado con el tiempo, si coincidió con algo —un parto, un cambio de anticonceptivo, la menopausia, una infección.

Los tratamientos

Dependen de la causa: hidratantes y lubricantes específicos, tratamiento hormonal local en la menopausia, fisioterapia de suelo pélvico —que es la primera línea en la contractura muscular y tiene muy buenos resultados—, tratamiento de la infección o de la dermatosis, y abordaje quirúrgico o médico en endometriosis.

Lo que no es un tratamiento es aguantar y disimular. Además del malestar, mantener el dolor en el tiempo cronifica el mecanismo y hace que después cueste más resolverlo.

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