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Salud y Belleza

Suelo pélvico: por qué se habla tan poco y qué conviene saber a los 30

No es solo cosa del posparto ni de la menopausia. Qué lo debilita, qué lo protege y por qué los abdominales clásicos pueden empeorarlo.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Mujer haciendo ejercicio en una esterilla
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El suelo pélvico es un conjunto de músculos que cierra la pelvis por abajo y sostiene la vejiga, el útero y el recto. Interviene en la continencia, en el soporte de los órganos y en la respuesta sexual. Y se ignora hasta que da problemas.

Qué lo debilita

  • Embarazo y parto. El más conocido, pero no el único.
  • Estreñimiento crónico. Empujar a diario durante años es una de las causas más subestimadas.
  • Tos crónica, por tabaquismo o por alergia mal controlada.
  • Impacto repetido: correr, saltar, crossfit, sin trabajo previo de la zona.
  • Sobrepeso.
  • Levantar peso conteniendo la respiración, que aumenta la presión intraabdominal y la descarga hacia abajo.
  • Menopausia, por el descenso de estrógenos.

Y una que sorprende: los abdominales clásicos. Los encogimientos tipo crunch aumentan la presión sobre el suelo pélvico, y en una zona ya debilitada la empeoran. Existen alternativas —hipopresivos, trabajo de core en posiciones neutras— que consiguen lo mismo sin esa carga.

Las señales

No siempre son escapes de orina:

  • Escapes al toser, reír, estornudar o saltar, aunque sean pequeños y ocasionales.
  • Urgencia repentina y no llegar a tiempo.
  • Ir al baño muchas veces, o levantarse por la noche.
  • Sensación de peso o de bulto en la vagina.
  • Dolor en las relaciones.
  • Escapes de gases sin control.
  • Dificultad para vaciar del todo.

Nada de esto es «normal por haber tenido hijos» ni «normal a partir de cierta edad». Es frecuente, que no es lo mismo, y tiene tratamiento.

La distinción que casi nadie hace

No todo problema es de debilidad. Existe la hipertonía: un suelo pélvico demasiado tenso que no consigue relajarse.

Se manifiesta con dolor pélvico, dolor en las relaciones, dificultad para orinar o urgencia constante. Y ahí los ejercicios de Kegel empeoran el cuadro, porque el problema es el contrario.

Por eso no conviene empezar a hacer Kegel por cuenta propia si hay dolor. Lo primero es saber qué pasa.

Cómo se hace bien un Kegel

Si la valoración indica debilidad, la técnica importa: una proporción alta de las mujeres que creen hacerlos bien están contrayendo el abdomen o los glúteos.

Las tres comprobaciones: el abdomen no se tensa, los glúteos no se aprietan, y no se aguanta la respiración. Este último es el error más frecuente y el más contraproducente.

Y lo de cortar el chorro de orina sirve para identificar el músculo una vez, no como ejercicio: hacerlo de forma habitual altera el vaciado y favorece infecciones.

Qué protege

  • Evitar el estreñimiento: fibra, agua y no empujar. Un taburete que eleve los pies en el váter mejora bastante la postura de evacuación.
  • Soltar el aire al hacer el esfuerzo al levantar peso, nunca aguantarlo.
  • No orinar «por si acaso» de forma sistemática: reeduca la vejiga a la baja.
  • Actividad de bajo impacto si ya hay síntomas, mientras se fortalece.
  • Valoración tras el parto. En varios países europeos es sistemática; en España aún no, y debería.

Cuándo ir a fisioterapia especializada

Ante cualquiera de las señales anteriores, tras un parto, antes de empezar a correr después de tener un hijo, o si no consigues identificar el músculo.

Unas pocas sesiones bastan en muchos casos para aprender la técnica correcta, y eso rinde mucho más que años haciendo mal un ejercicio gratuito.

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