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Moda

El abrigo de invierno: cómo elegir uno que dure años

El tejido, el forro y las costuras dicen más que la etiqueta. Qué buscar en lana, plumas y sintético.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Abrigo de invierno de lana
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Un abrigo es la prenda que más se ve, más se usa y más justifica gastar algo más. También es donde más fácil es equivocarse, porque casi todo depende de cosas que no se ven.

El tejido

Lana. Mira el porcentaje en la etiqueta. Por debajo del 50% de lana, el abrigo abrigará poco y hará bolitas pronto. A partir del 70-80% ya es otra cosa.

El cachemir es más suave y más cálido a menor peso, y también más delicado y más caro. Una mezcla lana-cachemir suele ser el mejor equilibrio.

Plumón. Lo que importa es el poder de relleno (fill power): a mayor número, más aire retiene por gramo y más abriga pesando menos. A partir de 600 es bueno. También la proporción plumón/pluma: cuanto más plumón, mejor. Muy cálido y muy ligero, y pierde capacidad aislante si se moja.

Relleno sintético. Abriga algo menos por peso, mantiene el aislamiento mojado, es más fácil de lavar y bastante más barato. Para climas húmedos y para uso diario intensivo, muy buena opción.

Impermeables técnicos con membrana: para lluvia y viento, con la advertencia de que hay que reactivar el tratamiento hidrófugo cada cierto tiempo.

Lo que hay que mirar en la tienda

  • El forro. Un forro completo y bien cosido alarga muchísimo la vida del abrigo y hace que se ponga y se quite bien. Media forra o forro fino es señal de ahorro.
  • Las costuras. Del revés: puntadas regulares, sin hilos sueltos, con los bordes rematados. En abrigos de plumón, costuras selladas o compartimentos bien cerrados para que la pluma no migre.
  • Los botones. Bien cosidos, con ojales rematados y —detalle revelador— si trae botones de repuesto, suele indicar mejor confección.
  • La cremallera. Es lo que más se rompe. Que sea metálica y de una marca reconocible, y que deslice suave.
  • El peso. Un abrigo de lana bueno pesa. Uno muy ligero suele llevar poca lana.

La talla

Se prueba con un jersey debajo, que es como se va a llevar.

Comprobar: cruzar los brazos por delante sin que tire de la espalda, levantarlos, y que las mangas lleguen a la muñeca —cubriendo el puño de la camisa, no por encima.

Los hombros son lo único que no tiene arreglo en un arreglo posterior: la costura debe caer justo en el borde del hombro. Mangas y largo sí se pueden ajustar, y un arreglo barato convierte un abrigo correcto en uno que parece hecho a medida.

Los cortes que aguantan el paso del tiempo

Si va a durar años, conviene un corte que no caduque: recto o ligeramente entallado, largo por la rodilla o tres cuartos, en color neutro —camel, gris, negro, azul marino, verde oliva—.

Lo llamativo se disfruta un par de temporadas y se identifica con un año concreto.

Cuidarlo

  • Percha ancha y con forma, nunca de alambre.
  • Cepillar la lana con un cepillo de ropa después de cada uso: retira polvo y fibras, y previene la polilla.
  • Quitar las bolitas con una quitapelusas de cuchilla, no arrancándolas.
  • A la tintorería una o dos veces por temporada, no cada mes: el disolvente reseca la fibra.
  • Los plumones se lavan en casa, con detergente específico y pelotas de tenis en la secadora, que recuperan la esponjosidad. Muchos aguantan mejor eso que la tintorería.
  • Si se moja, secar a temperatura ambiente y en percha, lejos del radiador.

Un cepillo para ropa de cerdas naturales es la herramienta que más años añade a un abrigo de lana, y cuesta muy poco.

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