Saltar al contenido
RSS
Mujer21
Moda

Customizar la ropa que ya tienes: guía práctica y realista

Cambiar botones, teñir, recortar o bordar una prenda aburrida es la forma más barata de renovar el armario. Te contamos qué funciona de verdad y qué es mejor no tocar.

Por Redacción· · 5 min de lectura
Customizar la ropa que ya tienes: guía práctica y realista
Compartir

Tienes una camisa que no te pones desde hace dos veranos, unos vaqueros que te quedan bien pero te aburren y una sudadera lisa que podría ser cualquier cosa. Antes de mirar una web de rebajas, mira el armario: la customización dejó de ser cosa de manualidades escolares hace tiempo y hoy es una manera muy razonable de vestir distinto sin comprar nada nuevo.

Por qué el street style se llena de prendas intervenidas

Lo que se ve en la calle ya no es una copia exacta de lo que se ve en tienda. Se lleva la prenda con historia: la cazadora con parches, el pantalón con el bajo deshilachado a propósito, el jersey al que alguien le ha cambiado los botones por otros de nácar. Parte del mérito es de la segunda mano y de los mercadillos: cuando compras una prenda usada, casi siempre hay que ajustarla, y de ahí a modificarla del todo hay un paso.

Hay también un motivo menos romántico: la ropa nueva de precio bajo se parece toda entre sí. Intervenir una prenda es la manera más rápida de que no te la encuentres en otra persona en el metro.

Empieza por lo que no tiene marcha atrás y lo que sí

La regla básica: distingue entre cambios reversibles y cambios definitivos. Los primeros los puedes probar sin miedo; los segundos, mejor ensayarlos antes en algo que no te importe estropear.

  • Reversibles: cambiar botones, poner un cinturón distinto, coser una hombrera, añadir un broche, sustituir los cordones, cambiar la cremallera del tirador.
  • Definitivos: cortar, teñir, decolorar con lejía, recortar el escote, quitar mangas, bordar sobre punto fino.

Si vas a hacer algo definitivo, empieza siempre por quedarte corta. Un bajo se puede recortar dos veces; nunca se puede alargar.

Cinco intervenciones que salen bien casi siempre

  1. Cambiar los botones. Es lo más barato y lo que más se nota. Una americana sosa con botones dorados o de asta parece otra prenda. Compra un botón de más por si pierdes uno.
  2. Subir el bajo de un pantalón dejando el corte crudo. Mide con el zapato puesto, marca con jaboncillo, corta recto y da un par de lavados para que el borde se deshilache solo. Funciona muy bien en denim rígido y fatal en tejidos que se descosen enteros.
  3. Teñir. Un tinte para ropa de lavadora salva camisetas blancas amarilleadas y prendas descoloridas. Funciona bien en algodón, lino y viscosa; el poliéster prácticamente no coge color. Y si la prenda tiene costuras de hilo sintético, se quedarán del color original: a veces queda bonito, pero conviene saberlo antes.
  4. Bordado a mano. Iniciales en un puño, una flor pequeña en un bolsillo, una línea de puntadas de color en el cuello. No hace falta saber bordar: el punto atrás y el pespunte se aprenden en diez minutos y ya sirven para casi todo.
  5. Parches y termoadhesivos. Ojo: los que se pegan con plancha aguantan mejor si además les das cuatro puntadas por los bordes. Sin ellas, saltan al tercer lavado.

Lo que necesitas para empezar (y no es mucho)

No hace falta montar un taller. Con esto vas sobrada durante meses:

  • Unas tijeras de costura que solo uses para tela; si cortas papel con ellas, se acabaron.
  • Un descosedor: parece un detalle y es la herramienta que más vas a usar, sobre todo para quitar etiquetas, bolsillos falsos y hombreras noventeras.
  • Hilos en los cuatro o cinco colores que más lleves, agujas de varios grosores y alfileres.
  • Jaboncillo o un rotulador que se vaya con agua para marcar.
  • Si te enganchas, una máquina de coser básica cambia por completo lo que puedes hacer: dobladillos, ajustar costados, forrar. Con puntada recta y zigzag se resuelve casi todo.

Ajustar es customizar (y es lo que más se nota)

Se habla mucho de parches y poco de lo que realmente transforma una prenda: que te siente bien. Estrechar los costados de una camisa oversize, subir el largo de una falda dos dedos, meter las mangas de una chaqueta heredada. Ninguna de esas cosas es decorativa y todas hacen que la ropa parezca hecha para ti.

Si no te ves capaz, un arreglo en una costurera del barrio cuesta bastante menos que una prenda nueva y el resultado no tiene comparación. Merece la pena reservar el bricolaje para lo divertido y delegar lo técnico.

Errores que se repiten

  • Intervenir la prenda buena. Practica con la camiseta que ya no te pones, no con el abrigo que te encanta.
  • Usar lejía sin control. Come la fibra además del color; si la dejas, aparecen agujeros al cabo de unos lavados.
  • Recortar escotes sin rematar. El punto se enrolla, el tejido plano se deshilacha. Un remate a máquina o a mano evita que la prenda se te deshaga.
  • Acumular ideas y no terminar ninguna. Una prenda cada vez, hasta el final.

Elige hoy una sola prenda que tengas parada y hazle un cambio pequeño: los botones, el bajo, una inicial en el bolsillo. Si funciona, ya tienes armario nuevo sin salir de casa; si no, has perdido una tarde y una camiseta que llevaba dos años sin ver la luz.

¿Te ha servido? Compártelo

También te puede interesar