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Cocina

Calabaza: cómo elegirla, pelarla sin pelearte y cinco formas de cocinarla

Cada variedad sirve para algo distinto, y pelarla es el paso que más gente evita. Aquí está el truco para que deje de ser un problema.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Calabaza cortada sobre una tabla de cocina
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La calabaza tiene un problema de imagen: la mayoría de la gente solo la conoce en crema, y muchas veces sosa. Da bastante más juego, y elegir bien la variedad es la mitad del asunto.

Cuál comprar para qué

Cacahuete o butternut. La más versátil y la más fácil de pelar, porque la piel es fina y la forma regular. Carne dulce y densa. Buena para todo: asada, en crema, en puré, en risotto.

Violín. Parecida, algo más fibrosa, muy buena asada.

Potimarrón o hokkaido. La mejor para asar, y con una ventaja enorme: la piel se come, así que te ahorras el paso de pelarla. Sabor a castaña.

Bonetera o de peregrino. Bonita, ideal para rellenar y hornear entera.

Espagueti. Al cocerse, la pulpa se separa en hebras. Es una curiosidad más que una sustituta de la pasta, pero funciona bien con salsas potentes.

Elige una que pese para su tamaño, con la piel dura —si la marcas con la uña, está verde— y con un trozo de tallo seco. Sin tallo entra aire y se estropea antes.

Pelarla sin sufrir

Aquí está el motivo real por el que mucha gente no la cocina. Tres soluciones, de menos a más:

Microondas. Pínchala varias veces con un cuchillo y dale tres minutos a máxima potencia. La piel se ablanda lo justo y el pelador entra sin problema.

No pelarla. Si la vas a asar, córtala en gajos con la piel puesta. Al asarse se ablanda y se separa sola, o directamente se come.

Con la técnica correcta. Corta primero los dos extremos para tener una base plana y estable —cortar una calabaza redonda que rueda es la causa de la mayoría de los cortes en la mano—, pártela por la mitad, retira las pipas con una cuchara y pela cada mitad apoyada en la tabla. Un pelador resistente de hoja fija va mucho mejor que uno pivotante en piel dura.

Cinco formas que salen bien

1. Asada en gajos. La más fácil y la más sabrosa. Gajos de dos centímetros, aceite, sal, pimienta y 200 grados durante 30-35 minutos. El azúcar caramelizado en los bordes es lo que hace la gracia. Con romero o comino gana mucho.

2. Crema, pero bien hecha. El error habitual es cocerla en agua. Ásala primero y luego tritúrala con el caldo: concentra el sabor en lugar de diluirlo. Con jengibre y un toque de leche de coco cambia por completo.

3. En dados, salteada. A fuego fuerte, dorada por fuera y tierna dentro, con salvia o con panceta. Va bien sobre pasta o en ensalada templada.

4. Rellena y al horno. Media calabaza vaciada, rellena de arroz, carne picada o legumbre con verduras, y al horno tapada con papel de aluminio.

5. En bizcocho. Puré de calabaza asada sustituyendo parte de la grasa. Aporta humedad y un dulzor suave. Con canela y nuez moscada.

Las pipas, que no se tiran

Lávalas, sécalas bien, mézclalas con aceite y sal y tuéstalas 15 minutos a 180 grados. Salen mejor que las compradas y no cuestan nada.

Conservación

Entera, en un sitio fresco y seco, aguanta meses. Una vez abierta, tapada en la nevera, cuatro o cinco días. Y se congela muy bien en dados crudos o en puré ya hecho.

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