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Cocina

Mermeladas y conservas caseras: esterilizar tarros sin riesgos

Con la fruta de temporada a buen precio apetece llenar la despensa. Cómo preparar los tarros, qué se puede conservar en casa y qué no conviene ni intentar.

Por Redacción· · 5 min de lectura
Tarros de cristal con mermelada casera sobre una mesa de cocina
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Llega el momento del año en que el mercado se llena de higos, uvas, membrillos, ciruelas y los últimos tomates buenos a precio razonable. Y da rabia no aprovecharlo. Hacer conservas en casa es fácil y sale barato, pero hay una parte que no se puede improvisar: la que tiene que ver con la seguridad. Vamos por orden.

Los tarros: qué sirve y qué no

Reutilizar el bote del pepinillo está bien, siempre que el cristal esté intacto y el borde no tenga ni una muesca. Ahí es donde sella la tapa: si está saltado, el cierre falla.

Las tapas son otra historia. Las de rosca con disco de sellado se deforman al usarlas y pierden capacidad de cierre. Lo razonable es trabajar con tarros de cristal con tapa metálica nueva o con tarros de cierre mecánico y goma de recambio. La goma vieja, reseca o aplastada, se cambia.

Para esterilizarlos:

  • Lávalos con agua caliente y jabón y enjuaga bien.
  • Hiérvelos cubiertos de agua unos diez minutos, o mételos en el horno a 120 ºC otros diez o quince minutos, sin las gomas ni las tapas de plástico.
  • Las tapas y las gomas, en agua hirviendo un par de minutos; el horno las estropea.
  • Sácalos sobre un paño limpio y llénalos aún templados. Cristal caliente con contenido caliente: así no se rompen por choque térmico.

No los seques por dentro con un trapo. Se secan solos con el calor residual.

El baño maría, paso a paso

Llenar el tarro caliente y darle la vuelta no es esterilizar: crea un vacío parcial que puede funcionar con una mermelada muy azucarada, pero no garantiza nada. El método fiable en casa es el baño maría.

  1. Llena los tarros dejando un dedo de aire arriba. Pasa un cuchillo o una espátula por dentro para que salgan las burbujas.
  2. Limpia el borde con un paño húmedo. Un resto de azúcar ahí y el cierre no agarra.
  3. Cierra sin apretar a lo bestia y colócalos en una olla alta, sobre un paño o una rejilla, sin que se toquen entre ellos.
  4. Cubre con agua caliente hasta unos tres dedos por encima de las tapas.
  5. Lleva a ebullición y cuenta el tiempo desde que hierve de verdad: entre quince y veinticinco minutos según el tamaño del tarro.
  6. Deja templar dentro del agua, saca con cuidado y no los toques hasta el día siguiente.

Al enfriarse suena un «clac»: es la tapa hundiéndose. Comprueba al día siguiente que el centro no cede al presionar. Si sube y baja, ese tarro no ha cerrado: a la nevera y se consume en unos días.

Qué se puede conservar así y qué no

Esta es la parte importante y la que casi nadie explica. El baño maría solo es seguro con alimentos ácidos: mermeladas y confituras, compotas de fruta, encurtidos en vinagre, salsa de tomate con un chorro de limón o de vinagre añadido.

Los alimentos poco ácidos —judías verdes, alcachofas, espárragos, guisantes, setas, caldos, carne, pescado, salsas con verduras— no se conservan de forma segura en casa a temperatura ambiente. Ahí puede desarrollarse la toxina botulínica, que no huele, no se ve y no cambia el sabor. La industria usa autoclaves que superan los 100 ºC; una olla de agua hirviendo no llega. Con esos alimentos, congela o guarda en nevera y consume en pocos días.

Si te tienta el tomate frito, la conserva de setas o las alcachofas de la abuela, la versión segura es congelarlas o encurtirlas en vinagre, no meterlas en un tarro y dejarlas en el armario.

El punto de la mermelada

El azúcar no está solo por gusto: ayuda a conservar y a que cuaje. Bajarlo mucho da una mermelada rica pero más perecedera, que hay que guardar en nevera y gastar pronto.

Para saber si está lista, pon un platito en el congelador antes de empezar. Deja caer media cucharadita, espera un minuto y pasa el dedo: si el surco se queda marcado y no se cierra, ya está. Con un termómetro de cocina es aún más sencillo: alrededor de 104-105 ºC la mermelada cuaja al enfriar.

Las frutas con poca pectina —fresa, melocotón, higo— agradecen manzana rallada, la piel y las pepitas de un limón atadas en una gasa, o zumo de limón. Y ojo con el volumen: la mermelada salpica y quema, mejor una cazuela alta y a fuego medio.

Etiquetar y vigilar

Escribe en cada tarro el contenido y el mes. Guárdalos en un sitio oscuro, seco y fresco, nunca encima del horno ni al sol. Y revísalos antes de abrir.

Tira sin probar, aunque duela, cualquier tarro que:

  • tenga la tapa abombada o salga a presión al abrir,
  • desprenda un olor raro, ácido o a fermentado,
  • presente burbujas, líquido turbio o moho, aunque sea un punto,
  • haya perdido líquido o tenga el cristal rajado.

En caso de duda, se tira. No compensa.

Con dos o tres tandas al año llenas la despensa de mermelada de higo, compota de manzana y algún encurtido, y sabes exactamente qué llevan. Empieza por una fruta que te guste, un lote pequeño y unas pinzas para tarros si no quieres pelearte con el agua hirviendo: el resto es paciencia y no saltarse los tiempos.

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