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Antes de encender la calefacción: el repaso que evita sustos

Purgar los radiadores, mirar la presión de la caldera y colocar bien el termostato. Media hora ahora te ahorra un invierno de fríos raros y facturas altas.

Por Redacción· · 5 min de lectura
Manos purgando un radiador con una llave y un recipiente debajo
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Llega el primer día fresco, le das al botón y la mitad de los radiadores calientan solo por abajo. Es lo normal después de meses parados, y se arregla en una tarde. El error es esperar a tener frío de verdad para descubrir que algo no va: en pleno invierno los técnicos no dan abasto y las piezas tardan.

Purgar los radiadores: por qué y cómo

Durante los meses de parada entra aire en el circuito. Ese aire se acumula en la parte alta de los radiadores y hace de tapón: el agua caliente no llega arriba, y notas el radiador tibio abajo y frío arriba. Purgar es sacar ese aire.

  1. Apaga la caldera y espera a que el agua se enfríe. Con el circuito en marcha saldrá agua hirviendo y volverá a entrar aire.
  2. Empieza por el radiador más alejado de la caldera o el más alto de la casa, y ve avanzando hacia ella.
  3. Coloca un recipiente y un trapo debajo del purgador, el tornillito o llave que está en un lateral, arriba.
  4. Abre despacio con una llave de purgado o un destornillador plano, según el modelo. Oirás salir el aire.
  5. Cuando salga un chorro continuo de agua sin burbujas, cierra. No hace falta apretar con fuerza: se estropea la junta.

Si de un radiador sale agua muy oscura y con posos, o si al año siguiente vuelve a estar frío por arriba, apúntalo: puede que haya lodos en el circuito y toque una limpieza a fondo, que ya es cosa de un profesional.

La presión de la caldera

Al purgar sacas agua, así que la presión del circuito baja. En el manómetro de la caldera (una esfera o un número en la pantalla) suele haber una franja verde: en la mayoría de las calderas domésticas el valor recomendado ronda entre 1 y 1,5 bar en frío, pero mira lo que diga tu manual, que manda.

Si está por debajo, se rellena abriendo la llave de llenado unos segundos, con la caldera apagada, hasta llegar a la marca. Dos avisos:

  • Cierra bien la llave después. Si se queda goteando, la presión sube sola y la caldera acaba desaguando por la válvula de seguridad.
  • Si tienes que rellenar cada pocas semanas, hay una fuga en algún punto del circuito. No es normal y conviene buscarla.

La revisión que no te puedes saltar

El mantenimiento anual de la caldera no es un extra comercial: una combustión mal ajustada gasta más y, en el peor de los casos, genera monóxido de carbono, un gas que no huele ni se ve. Además, las instalaciones de gas tienen una inspección periódica obligatoria que hace la distribuidora y que te avisan con antelación; guarda el justificante.

Señales para llamar al técnico antes del invierno: llama amarilla o inestable en lugar de azul, olor raro al encender, ruidos nuevos, manchas o humedad alrededor del aparato, o que la caldera se apague sola. Y si tienes calderas o estufas de combustión en casa, un detector de monóxido de carbono homologado cuesta poco y se coloca en un minuto.

El termostato y la programación

Aquí es donde se gasta o se ahorra dinero de verdad. Un par de comprobaciones:

  • Dónde está colocado. Si el termostato está en un pasillo frío, junto a la puerta de la calle o encima de un radiador, mide mal y toda la casa sufre las consecuencias.
  • Las pilas. Los inalámbricos fallan por eso más que por nada.
  • La programación. Revísala: muchos siguen con los horarios del invierno pasado, cuando quizá tu rutina ya no es la misma. Un termostato programable bien configurado evita calentar una casa vacía.

Y una idea que ahorra sin que se note: bajar un grado la temperatura de consigna se percibe poco y se traduce en menos consumo. Es más rentable eso que apagar y encender a lo bruto, porque volver a calentar una casa fría cuesta más.

Los detalles que hacen que el calor llegue

  • Nada delante del radiador. Un sofá pegado o una cortina larga que lo cubre se quedan con buena parte del calor. Diez centímetros de aire libre ya cambian las cosas.
  • Limpia el polvo entre los elementos antes de encender, con un cepillo estrecho o el aspirador. Si no, el primer día huele a quemado.
  • Radiadores en pared exterior: un panel reflectante detrás devuelve hacia dentro parte del calor que se pierde por el muro.
  • Cierra la llave de los radiadores de habitaciones que no usas, pero no del todo si allí hay humedad: una estancia helada favorece la condensación.
  • Válvulas termostáticas en cada radiador si tu instalación lo permite: te dejan tener el salón a una temperatura y los dormitorios a otra.

Enciende un día antes de necesitarlo

Cuando lo tengas todo repasado, pon la calefacción una hora en un día templado. Es la manera de detectar la fuga, el radiador que no calienta o el termostato muerto cuando aún puedes resolverlo con calma. Si algo no cuadra y no lo tienes claro, mejor una llamada al servicio técnico que un apaño: con el gas no se experimenta.

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