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Hogar

La casa fría: por dónde se escapa el calor y qué se puede hacer

Las ventanas y las juntas se llevan la mayor parte. Qué arreglos cuestan poco y cuáles solo tienen sentido en una reforma.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Casa en invierno junto al radiador
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Una casa fría no siempre necesita más calefacción: muchas veces necesita que el calor no se vaya. Y la diferencia entre las dos cosas es toda la factura.

Por dónde se escapa

En una vivienda española media, sin aislamiento moderno, el reparto aproximado es:

  • Ventanas y puertas: entre un 20 y un 30%. Es lo más importante y lo más accesible.
  • Muros: alrededor del 25%.
  • Cubierta o techo, si es último piso: hasta un 30%.
  • Suelo, si hay bajo o garaje debajo.
  • Infiltraciones de aire por rendijas, cajas de persiana y pasos de instalaciones.

Lo barato que más se nota

Las juntas de las ventanas. Burletes autoadhesivos de goma o silicona en el marco. Cuesta muy poco y elimina las corrientes, que es lo que más se percibe como frío.

La caja de la persiana. Es el agujero más grande de muchas viviendas y casi nadie lo mira: está hueca y comunica con el exterior. Se puede abrir, rellenar con planchas de poliestireno o lana mineral y sellar. Es de las intervenciones con mejor relación coste-resultado que existen.

Bajar la persiana al anochecer y cerrar cortinas. La cámara de aire entre cristal y persiana aísla bastante.

Un burlete bajo la puerta de entrada y de las habitaciones que no se usan.

Papel reflectante detrás del radiador si está en pared exterior: devuelve al interior el calor que se perdía por esa pared.

Cerrar puertas. Calentar solo lo que se usa.

Los radiadores

  • Purgarlos al empezar la temporada. Si la parte de arriba está fría y la de abajo caliente, hay aire dentro y el radiador rinde a media potencia.
  • No taparlos con muebles, cortinas largas ni ropa tendida encima. Un sofá delante anula buena parte del rendimiento.
  • Válvulas termostáticas por radiador, que regulan cada estancia por separado. Se amortizan rápido.

La temperatura

Entre 19 y 21 grados de día en las zonas de estar, y entre 15 y 17 por la noche o en dormitorios. Cada grado de más supone en torno a un 7% más de consumo.

Y un detalle: subir el termostato no calienta más rápido. La caldera trabaja igual; solo hace que se pase de largo y se caliente de más.

Ventilar sin enfriar

Hay que ventilar a diario, también en invierno: el aire interior acumula humedad y CO2. Lo eficiente es hacerlo de golpe y poco tiempo —10 minutos con ventanas abiertas de par en par y corriente cruzada—, no dejar una ventana entreabierta toda la mañana, que enfría los muros sin renovar bien el aire.

La humedad, que hace que se sienta más frío

Una casa húmeda se siente más fría a la misma temperatura, porque el cuerpo pierde calor más rápido y porque los materiales húmedos aíslan peor.

Las fuentes habituales son cocinar sin extractor, ducharse sin ventilar y tender dentro. Un deshumidificador en zonas costeras o en plantas bajas mejora bastante la sensación térmica y previene el moho.

Lo que solo tiene sentido en reforma

Cambiar ventanas por doble acristalamiento con rotura de puente térmico, aislar la fachada por el exterior (SATE) o insuflar aislamiento en la cámara de aire.

Son caros y son lo que de verdad cambia una vivienda. Conviene mirar las ayudas a la rehabilitación energética, que existen a nivel estatal y autonómico y suelen cubrir una parte importante, y las deducciones en el IRPF por obras de eficiencia energética.

Antes de nada, un termómetro con higrómetro en las estancias principales dice mucho: si el salón está a 22 grados y aun así se siente frío, el problema suele ser humedad o corriente de aire, no falta de calefacción.

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