Aire acondicionado: cómo usarlo para gastar menos
Bajarlo a 18 grados no enfría más rápido. Qué temperatura, qué modo y por qué hay que limpiar los filtros.
El aire acondicionado es de los electrodomésticos que más consumen, y buena parte de ese consumo se puede reducir sin pasar calor.
La temperatura
Entre 24 y 26 grados es la recomendación, y en un día de calor real es perfectamente confortable: lo que da sensación de frescor es la diferencia con el exterior y la reducción de humedad, no el número absoluto.
Cada grado por debajo supone en torno a un 7-8% más de consumo. Bajar de 25 a 21 encarece la factura casi un tercio.
Y la diferencia con el exterior no debería superar los 10-12 grados, tanto por consumo como por salud: los cambios bruscos de temperatura son la causa de bastantes malestares veraniegos.
El error más extendido
Poner 18 grados para que enfríe antes. No funciona así.
El equipo enfría a su máxima potencia hasta alcanzar la temperatura fijada, sea 18 o 25. Poner 18 no acelera nada: solo hace que siga enfriando más allá de lo necesario, con el consiguiente gasto y con una casa incómodamente fría.
Los modos
- Frío (cool): el normal.
- Seco (dry): reduce la humedad consumiendo bastante menos. En zonas costeras y días húmedos, con humedad alta y temperatura no extrema, es muy eficaz: buena parte de la sensación de bochorno es humedad, no calor.
- Ventilador: solo mueve aire, no enfría.
- Automático: el equipo decide. Suele funcionar bien.
Y la velocidad del ventilador en automático o alta: en velocidad baja el equipo tarda más y consume más en total.
El mantenimiento que más se nota
Limpiar los filtros. Es lo más importante y lo más fácil. Un filtro sucio obliga al equipo a trabajar más para mover el mismo aire: puede aumentar el consumo notablemente y reduce la capacidad de enfriar.
Se hace cada mes en temporada de uso: se abren, se sacan, se aclaran con agua, se secan bien y se colocan. Diez minutos.
Además, un filtro sucio acumula polvo, moho y bacterias, que es el origen del olor a cerrado al encenderlo.
La unidad exterior debe estar despejada, sin objetos alrededor y, si es posible, a la sombra. Si le da el sol directo todo el día, rinde peor.
Revisión profesional cada uno o dos años para comprobar el gas: un equipo con poca carga enfría mal y consume más.
Lo que ayuda a que no tenga que trabajar tanto
- Cerrar persianas y cortinas durante el día en las fachadas con sol. Evitar que entre el calor cuesta mucho menos que sacarlo después.
- Ventilar de noche y a primera hora, y cerrar todo cuando empiece a subir la temperatura.
- Cerrar puertas de las habitaciones que no se usan.
- Sellar rendijas por donde entre aire caliente.
- Toldos o parasoles exteriores: sombrear por fuera es mucho más eficaz que por dentro.
- Combinar con ventilador de techo. Es el truco que mejor resultado da: el movimiento del aire permite subir el termostato dos o tres grados manteniendo la misma sensación, y un ventilador consume una fracción mínima de lo que consume el aire.
Encenderlo y apagarlo
Encender y apagar constantemente consume más que mantener una temperatura estable, porque el arranque es el momento de mayor consumo. En equipos inverter —la mayoría de los actuales— esto es especialmente cierto: están diseñados para mantener, modulando la potencia.
Y para las horas de sueño, el temporizador: enfriar antes de acostarse y programar el apagado, o usar el modo nocturno que sube la temperatura progresivamente.
Un ventilador de techo es, en relación consumo-confort, la mejor compra del verano: cuesta poco de instalar y permite tener el aire dos grados más alto todo el verano.