Saltar al contenido
RSS
Mujer21
Hogar

La nevera por dentro: dónde va cada cosa y a qué temperatura

Entre 0 y 5 grados, la carne abajo y la leche fuera de la puerta: cómo colocar el frigorífico para que la comida dure lo que tiene que durar y el recibo no suba de más.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Interior de un frigorífico abierto con las baldas ordenadas
Compartir

Casi nadie vuelve a tocar el mando del frigorífico después del día en que lo instalaron. De ahí salen la mitad de los disgustos domésticos: leche cortada antes de la fecha, lechuga congelada al fondo de un cajón y un recibo de la luz más alto de lo que hace falta.

Cuatro grados arriba, dieciocho bajo cero abajo

La referencia sanitaria es corta y no ha cambiado: la zona de refrigeración, entre 0 y 5 °C, con 4 °C como objetivo razonable; el congelador, a 18 °C bajo cero. Por encima de 5 °C las bacterias se multiplican deprisa; por debajo de 0 °C acabas congelando cosas que no deberían congelarse.

El obstáculo es que casi ningún mando marca grados: marca del 1 al 7, que son niveles de potencia del compresor y no temperaturas. La única manera de saber a cuánto está la tuya es medirla, y para eso basta un termómetro de nevera dejado un par de horas en la balda del medio. Si el aparato tiene más de diez años, es probable que la lectura te sorprenda.

El frío no está repartido por igual

En un frigorífico convencional el aire frío baja, así que la parte de abajo, justo encima de los cajones, es la más fría. Repartir por temperatura evita buena parte del desperdicio:

  • Balda inferior: carne, pescado y cualquier cosa abierta y perecedera. Siempre tapado y nunca goteando sobre lo de debajo.
  • Baldas centrales: lácteos, embutido, sobras y platos preparados.
  • Cajones: fruta y verdura, separadas si el cajón lo permite.
  • Puerta: la parte más templada y la que más oscila cada vez que abres. Bebidas, mermeladas y salsas.

Esto desmonta la costumbre más extendida: la leche y los huevos no van en la puerta, aunque el fabricante haya puesto ahí la huevera. Son justo los dos productos que peor llevan los vaivenes de temperatura.

Lo que no debería entrar

El frío estropea más de lo que parece. Están mejor fuera:

  • Tomates: por debajo de 10 °C pierden aroma y la textura se vuelve harinosa.
  • Patatas, cebollas y ajos: sitio oscuro, seco y ventilado. En frío, el almidón de la patata se convierte en azúcar.
  • Plátanos y aguacates verdes: el frío corta la maduración y ennegrece la piel.
  • Pan: se endurece antes en la nevera que en la encimera. Si sobra, al congelador.
  • Aceite de oliva y miel: se enturbian y cristalizan sin ganar nada a cambio.

Orden, tapas y ahorro

Las sobras se guardan tapadas y en frío cuanto antes: la pauta habitual es no dejarlas más de dos horas a temperatura ambiente, o una sola si el día viene caluroso. No hace falta esperar a que se enfríen del todo. Guardarlas en recipientes herméticos de cristal ahorra film, deja ver lo que hay dentro y evita el clásico táper olvidado al fondo.

En el congelador el enemigo es el aire: unas bolsas reutilizables para congelar bien cerradas y con la fecha escrita evitan las quemaduras por frío. Conviene saber, además, que un congelador lleno aguanta mejor la temperatura que uno medio vacío, mientras que un frigorífico abarrotado enfría peor, porque el aire necesita circular.

Dos gestos más que sí se notan en el consumo: dejar unos centímetros entre el aparato y la pared, y limpiar la rejilla trasera una vez al año. Y cambiar la goma de la puerta cuando ya no sujeta un billete al cerrarla.

Cuándo tirar sin pensarlo

El olfato no es un detector fiable: buena parte de las bacterias que provocan una intoxicación no huelen ni cambian el aspecto del alimento. Se tira, sin negociar, lo que ha pasado varias horas fuera del frío, lo que estaba dentro durante un apagón largo y cualquier conserva con la tapa abombada. Y si después de una comida aparecen vómitos, diarrea o fiebre que no remiten, lo que toca es consultar al médico o llamar al 112.

¿Te ha servido? Compártelo

También te puede interesar