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Pareja e Hijos

Niños que no comen: qué funciona y qué empeora las cosas

La neofobia alimentaria es una etapa normal entre los 2 y los 6 años. Qué hacer, qué evitar y cuándo sí hay que consultar.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Niño comiendo en la mesa
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Entre los dos y los seis años, la mayoría de los niños atraviesan una etapa de rechazo a alimentos nuevos y reducción del apetito. Se llama neofobia alimentaria, es normal y tiene explicación evolutiva: coincide con la edad en que empiezan a moverse solos y desconfiar de lo desconocido protegía.

Además, el ritmo de crecimiento se frena mucho respecto al primer año, así que comen menos porque necesitan menos.

La regla que ordena todo

Es el principio más útil que existe sobre alimentación infantil, y consiste en repartir responsabilidades:

El adulto decide QUÉ se come, CUÁNDO y DÓNDE.

El niño decide CUÁNTO come, y si come.

Casi todos los conflictos vienen de invadir la segunda parte. Cuando un adulto decide cuánto tiene que comer un niño, empieza la batalla.

Lo que funciona

  • Ofrecer sin presionar. Poner el alimento en el plato y no comentar si lo come o no.
  • Repetir la exposición. Los estudios hablan de que pueden hacer falta diez o quince exposiciones a un alimento nuevo antes de que se acepte. La mayoría de los adultos abandonan a la tercera.
  • Ofrecerlo de formas distintas. Crudo, cocido, en crema, en tortilla, en salsa.
  • Comer juntos y que vea comer eso mismo a los adultos. El modelado es lo que más funciona.
  • Que participe: en la compra, lavando verdura, poniendo la mesa. Lo que ha manipulado lo prueba más.
  • Porciones pequeñas. Un plato lleno abruma. Mejor poco y repetir.
  • Horarios regulares, con tres comidas y dos tentempiés, y agua entre medias.
  • Máximo 30 minutos en la mesa. Alargar la comida una hora no consigue nada.

Lo que empeora las cosas

  • Obligar. Genera rechazo asociado al alimento y a la comida en general, y hay evidencia de que empeora la relación con la comida a largo plazo.
  • Premiar con postre. «Si te comes la verdura, hay helado» convierte la verdura en peaje y el dulce en trofeo. Sube el valor de uno y baja el del otro.
  • Cocinar un plato aparte cuando rechaza. Enseña que rechazando consigue lo que quiere.
  • Distraer con pantallas para que trague sin darse cuenta. Impide que aprenda a reconocer su saciedad.
  • Picoteo entre horas. Un niño que ha comido galletas a las seis no tiene hambre a las ocho.
  • Hacer de la comida el tema central de la casa. La tensión se contagia.

Cuándo SÍ hay que consultar

La mayoría de los «no come nada» son niños que comen suficiente y crecen bien. Merece consulta si:

  • No gana peso o lo pierde, o se sale de su curva de crecimiento.
  • Rechaza grupos enteros de alimentos de forma persistente, con una dieta de menos de diez o quince alimentos distintos.
  • Hay atragantamientos, arcadas o vómitos frecuentes con determinadas texturas.
  • Aparece de forma brusca en un niño que comía bien.
  • Hay signos de déficit: palidez, cansancio, caída de pelo.
  • Hay rechazo extremo con angustia intensa: puede tratarse de un trastorno de la ingesta que requiere valoración.

El indicador que de verdad importa no es cuánto come en una comida: es cómo crece a lo largo de los meses. Eso lo mira el pediatra en las revisiones.

Y una cosa para los adultos

La preocupación por la comida de los hijos es de las que más desgastan, y casi siempre es desproporcionada al problema real. Si el niño crece bien, tiene energía y está sano, come lo que necesita, aunque a ti te parezca poco.

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