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Zapatos de vestir: cómo elegirlos y hacer que duren diez años

La diferencia entre un zapato de tres años y uno de quince está en la construcción de la suela y en las hormas.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Zapatos de vestir de cuero
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Un buen zapato de vestir es de las pocas compras de ropa que se amortizan de verdad. Dura una década, se puede resolear y mejora con el uso.

La construcción, que es lo que decide todo

Es lo que casi nadie mira y lo que separa un zapato de tres años de uno de quince.

Suela pegada. La mayoría del calzado. Cuando la suela se despega o se gasta, el zapato está terminado.

Cosido Blake. La suela va cosida directamente a la plantilla. Más flexible, perfil más fino, se puede resolear —aunque necesita máquina especial.

Cosido Goodyear. Lleva una tira de cuero (la vira) cosida al corte y a la plantilla, y la suela cosida a esa tira. Es la más duradera, más resistente al agua, y se puede resolear muchas veces en cualquier zapatería de reparación.

Un Goodyear cuesta más y sale mucho más barato por año de uso.

El cuero

Flor entera es la capa exterior de la piel, la más resistente, y desarrolla pátina con los años. Es lo que se quiere.

Cuero corregido lleva la superficie lijada y recubierta de una capa plástica: brilla mucho de nuevo, no transpira igual y termina agrietándose.

Señal práctica: un cuero bueno se arruga formando pliegues finos y suaves; uno corregido hace pliegues gruesos y marcados.

Los tipos y cuándo van

  • Oxford: cordones cerrados. El más formal. Traje, ceremonias, negro liso para lo más serio.
  • Derby: cordones abiertos. Algo menos formal y más cómodo si el empeine es alto. El más versátil.
  • Monkstrap: con hebilla. Elegante y algo más llamativo.
  • Loafer o mocasín: sin cordones, informal-elegante. Perfecto para verano y para conjuntos sin corbata.
  • Brogue: el picado decorativo. Cuanto más picado, menos formal.

Como regla: negro liso es lo más formal; el marrón —del avellana al burdeos— es más versátil para el día a día y combina mejor con azul marino y gris.

La talla

Se prueban por la tarde, cuando el pie está más hinchado, y con el calcetín que se va a usar.

El zapato de cuero se adapta, no se estira mágicamente: si aprieta en el ancho, no va a valer. Debe haber alrededor de un centímetro por delante del dedo más largo y el talón no debe levantarse al caminar.

Un ligero deslizamiento del talón los primeros días es normal; que se salga, no.

El cuidado que multiplica su vida

Las hormas. Es lo más importante y lo que menos gente hace. De cedro, puestas nada más quitarse el zapato: mantienen la forma, evitan que se marque el pliegue del empeine y absorben la humedad del sudor, que es lo que pudre el forro.

No usarlos dos días seguidos. El cuero necesita 24 horas para secarse por dentro. Dos pares alternados duran más del doble que uno solo usado a diario.

Cepillar tras cada uso con un cepillo de crin.

Crema nutritiva cada 10-15 usos: alimenta el cuero y evita que se agriete. La cera da brillo pero no nutre.

Si se mojan: nunca cerca de un radiador ni con secador. Papel de periódico dentro, lejos del calor, y al día siguiente hormas y crema.

Calzador siempre. Meter el pie forzando destroza el contrafuerte del talón, y ese daño no tiene arreglo.

Resolear a tiempo. Cuando la suela se adelgaza pero antes de que se agujeree: si se perfora, se daña la plantilla y la reparación se complica o deja de ser posible.

Unas hormas de cedro son la inversión más rentable en el cuidado del calzado: cuestan poco y son lo que de verdad marca la diferencia a los cinco años.

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