Extraescolares: cuántas son demasiadas y cómo elegirlas
La agenda de un niño de ocho años no debería parecerse a la de un ejecutivo. Cuántas tardes libres hacen falta y qué mirar al elegir.
Septiembre trae la lista de extraescolares y la sensación de que si tu hijo no hace inglés, natación y música se va a quedar atrás. Conviene mirarlo con calma, porque hay un coste que no se ve.
Cuántas
No hay una cifra oficial, pero el consenso entre pediatras y psicólogos apunta en una dirección clara: al menos dos o tres tardes libres a la semana.
Como referencia orientativa:
- 3-5 años: una actividad, o ninguna. A esa edad el juego libre es la actividad.
- 6-8 años: una o dos.
- 9-12 años: dos o tres, si él quiere.
- Adolescentes: lo que puedan sostener con los estudios, negociado con ellos.
Por qué el tiempo libre no es tiempo perdido
Es la parte que más cuesta aceptar. El juego no dirigido —el de inventarse cosas, aburrirse y salir del aburrimiento— es donde se desarrollan la creatividad, la autonomía, la tolerancia a la frustración y la capacidad de organizarse.
Un niño con todas las tardes ocupadas por adultos que le dicen qué hacer tiene muy pocas oportunidades de practicar eso.
Aburrirse es formativo. Y responder a «me aburro» con una propuesta inmediata le quita justamente el trabajo de resolverlo.
Cómo elegir
Que la elija él, dentro de las opciones posibles. Una actividad impuesta se abandona o se sufre.
Equilibra el tipo. Si pasa el día sentado en clase, prioriza movimiento. Si ya hace mucho deporte, algo creativo o social.
Mira la logística real. Horarios, desplazamientos, quién lleva y quién recoge. Una actividad estupenda a media hora en coche puede desmontar la tarde entera de la familia.
Pregunta por el enfoque. Con niños pequeños, si es competitivo o participativo cambia mucho la experiencia. Y quién imparte: la formación del monitor importa más que las instalaciones.
El coste. Suma matrícula, mensualidad, material y equipación. Muchos ayuntamientos y AMPA ofrecen actividades a precios bastante menores.
Señales de sobrecarga
- Cansancio persistente, se duerme en cualquier sitio.
- Irritabilidad, más rabietas o peor humor de lo habitual.
- Dolores de cabeza o de tripa recurrentes sin causa médica.
- Baja el rendimiento escolar.
- Dice que no quiere ir, de forma sostenida.
- No tiene ningún rato para no hacer nada.
Si aparecen varias, sobra algo. Y quitar una actividad no es fracasar.
Si quiere dejarla a mitad de curso
Conviene distinguir. Si es por un mal día o por pereza puntual, se sostiene el compromiso hasta el trimestre.
Si es un rechazo mantenido, si hay llanto, o si el motivo tiene que ver con el trato de un monitor o con otros niños, eso se investiga y se toma en serio. Cumplir un compromiso no vale más que estar bien.
Y una comprobación honesta para los padres
Merece la pena preguntarse de quién es la actividad. A veces se apunta al niño a lo que a uno le habría gustado hacer, o a lo que hacen los hijos de los demás.
Y una mochila deportiva preparada la noche antes con todo dentro evita la mitad de las carreras de los martes por la tarde.