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Pareja e Hijos

Navidad con familias separadas: cómo repartir sin que sufran los niños

Los repartos que funcionan y los que generan un conflicto anual. Qué dice el convenio y qué importa más que las fechas.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Navidad en familia con niños
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Las vacaciones de Navidad son, junto con el verano, el momento del año que más conflictos genera entre progenitores separados. Y suelen resolverse mejor de lo que se teme si se preparan con antelación.

Cómo se reparte habitualmente

El reparto más frecuente en los convenios divide el periodo en dos mitades, aproximadamente:

  • Primera mitad: desde el fin de las clases hasta el 30 de diciembre por la tarde.
  • Segunda mitad: del 30 de diciembre a la incorporación al colegio.

Se alternan por años —un año elige uno, al siguiente el otro—, y es habitual que en los años pares elija un progenitor y en los impares el otro. Así cada uno pasa Nochebuena y Navidad un año, y Nochevieja y Reyes al siguiente.

Hay convenios que reparten por días señalados en lugar de por mitades, o que dividen el día de Reyes. Lo importante es que esté escrito y sea previsible.

Lo que evita conflictos

  • Hablarlo en noviembre, no el 20 de diciembre. Ahí ya hay planes hechos, billetes comprados y poco margen.
  • Poner las fechas por escrito, aunque haya buena relación. Un mensaje confirmando días y horas evita el «yo entendí otra cosa».
  • Concretar horas y lugares de entrega y recogida.
  • Flexibilidad recíproca. Ceder una hora para una cena familiar suele devolverse. La rigidez absoluta genera rigidez absoluta.
  • Coordinar los regalos. Es una fuente clásica de problemas: regalos duplicados, o una competición de quién regala más. Lo razonable es repartirse la lista y acordar un tope.

Lo que más daña a los niños

No es el reparto. Es todo lo demás:

  • Que sea el niño quien decida dónde pasar la Nochebuena. Ponerle esa carga es injusto: elija lo que elija, siente que traiciona a alguien.
  • Hablar mal del otro progenitor, o hacer comentarios delante del niño.
  • Usarlo de mensajero —«dile a tu madre que...»— o de informante.
  • Discutir en las entregas. Es el momento que más recuerdan.
  • Competir con los regalos o comprar el afecto.
  • Hacerle sentir culpable por disfrutar en la otra casa.

Un niño puede tener dos Navidades perfectamente bien. Lo que no puede gestionar es la tensión entre los adultos.

Cómo contarlo

Con antelación, con claridad y con normalidad: qué días con quién y qué se va a hacer. La incertidumbre es lo que angustia.

Y con un mensaje explícito: «vas a estar bien en los dos sitios, y a los dos nos parece bien». Esa frase, dicha por ambos progenitores, quita una carga enorme.

Ayuda también no cargar de expectativas emocionales el día concreto. La Nochebuena no tiene que ser perfecta; los recuerdos que quedan suelen ser de cosas pequeñas.

Si no hay acuerdo

Manda el convenio regulador o la sentencia. Si no contempla el caso concreto, o si hay desacuerdo persistente:

  • Mediación familiar. Es gratuita o de bajo coste en muchas comunidades y resuelve bastantes casos sin ir a juicio.
  • Modificación de medidas, si el reparto ya no encaja con la realidad de la familia.
  • Incumplimiento reiterado: se documenta y se consulta con un abogado.

Y una advertencia práctica: llevar cada desacuerdo al juzgado desgasta a todos, cuesta dinero y rara vez produce un resultado mejor que un acuerdo razonable.

Las familias extensas

Abuelos, tíos y primos también forman parte de esto, y a veces son quienes más presión ejercen. Conviene recordar que el acuerdo es entre los progenitores, y que las reuniones familiares se pueden mover: no hace falta que la comida de los abuelos sea el día 25 exacto.

Muchas familias separadas acaban celebrando la Navidad el día que toca, no el día del calendario, y funciona perfectamente.

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