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Pareja e Hijos

Vacaciones en familia: cómo evitar que acaben mal

Las expectativas altas y la convivencia intensiva son la mezcla que estalla el cuarto día. Qué acordar antes de salir.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Familia de vacaciones
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Las vacaciones familiares son de las situaciones que más conflictos generan al año, y la razón es estructural: mucha expectativa, mucha convivencia y ninguna de las rutinas que habitualmente amortiguan las fricciones.

La expectativa, el primer problema

Se acumulan once meses de «cuando lleguen las vacaciones» sobre dos semanas. Cualquier contratiempo —lluvia, un atasco, un niño con fiebre— se vive como un fracaso.

Ayuda decirlo en voz alta antes de salir: habrá días buenos y días regulares, y eso no significa que las vacaciones estén saliendo mal.

Y bajar la ambición del programa. Un viaje con cinco ciudades en siete días con niños pequeños no son vacaciones: es una mudanza continua.

Acordar antes de salir

Media hora de conversación previa evita la mayoría de las discusiones:

  • Qué quiere hacer cada uno. Incluidos los niños, que si participan en la decisión protestan mucho menos.
  • El presupuesto, que es una de las principales fuentes de tensión en pareja durante el viaje.
  • El reparto de tareas. Las vacaciones no eliminan la cocina, la colada ni la organización, y si todo eso recae en la misma persona de siempre, esa persona no está de vacaciones. Conviene repartirlo explícitamente.
  • El ritmo: quién quiere madrugar y quién no.

Tiempo individual

Es lo que más previene los conflictos y lo que menos se planifica.

Estar 24 horas juntos durante dos semanas es mucho más de lo habitual. Programar deliberadamente ratos separados —una mañana cada uno, un paseo solo, una tarde en que uno se queda con los niños y el otro sale— no es desunión: es lo que hace que el resto del tiempo funcione.

Y lo mismo para los adolescentes, que necesitan su espacio y su móvil sin que sea una batalla diaria.

Con niños

  • Mantener algo de rutina: horarios de comida y sueño aproximados. Un niño desregulado del todo es un niño que llora todas las tardes.
  • Un plan al día como máximo. Encadenar tres visitas termina en berrinche a las seis.
  • Alternar lo que quieren los adultos con lo que quieren ellos.
  • Tiempo muerto en el alojamiento, sin programa. Aburrirse es sano y necesario.
  • Bajar el listón fotográfico. Perseguir la foto perfecta arruina bastantes momentos reales.

Las vacaciones con la familia extensa

Los conflictos aquí tienen otra naturaleza: se juntan formas distintas de criar, de comer, de gastar y de organizarse.

Lo que mejor funciona:

  • Espacios separados siempre que sea posible. Dos apartamentos cerca funcionan mucho mejor que una casa compartida.
  • Reglas de dinero claras desde el principio: quién paga qué y cómo se reparte.
  • Que cada uno decida sobre sus hijos. Es la fuente número uno de fricción con abuelos y cuñados.
  • Días sueltos por libre dentro del viaje conjunto.
  • Fecha de fin clara. Las estancias indefinidas se estropean.

Cuando ya ha estallado

Ocurre. Y lo que evita que arruine el resto del viaje es no resolverlo en caliente delante de todos: aparcarlo, hablarlo aparte y en privado, y volver.

Guardarlo hasta la vuelta tampoco funciona: se acumula y sale en el coche de regreso.

Y una idea que cambia el enfoque

El recuerdo que queda de un viaje familiar rara vez es el monumento. Suele ser una cena tonta, un chapuzón, una anécdota de algo que salió mal.

Programar menos deja sitio a que ocurran esas cosas, que son las únicas que no se pueden programar.

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