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Ocio y Viajes

Volver de vacaciones sin que se haga cuesta arriba

El síndrome postvacacional no es una enfermedad, es una adaptación. Qué lo alarga y qué lo acorta.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Vuelta a la rutina tras las vacaciones
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La vuelta al trabajo después de las vacaciones cuesta, y eso es normal. Lo que se llama «síndrome postvacacional» no figura como enfermedad en ninguna clasificación médica: es un proceso de readaptación.

Que no sea una enfermedad no significa que no se pase mal. Significa que dura poco y que hay cosas que lo acortan.

Qué se siente

Cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse, desmotivación, insomnio, tristeza y a veces síntomas físicos como molestias digestivas o dolor de cabeza.

Duración habitual: de unos días a dos semanas.

Por qué ocurre

Se juntan tres cosas:

El cambio de horario. En vacaciones se retrasa la hora de acostarse y de levantarse, a veces dos o tres horas. El reloj biológico no vuelve solo de un día para otro.

El contraste. Se pasa de autonomía total a horarios ajenos en 24 horas.

La acumulación. Correo pendiente, tareas atrasadas y todo el mundo volviendo a la vez.

Lo que de verdad ayuda

Volver dos o tres días antes. Es la medida más eficaz. Da margen para deshacer maletas, hacer la compra, dormir en casa y no aterrizar en la oficina el mismo día que se llega del avión.

Recuperar el horario de forma progresiva, adelantando el sueño unos 15-30 minutos por día en los días previos. Y la luz de la mañana, que es lo que reajusta el reloj: salir a la calle temprano.

El primer día, ordenar antes que producir. Dedicar la mañana a revisar y priorizar, no a resolver todo. Y no programar reuniones importantes el primer día.

Mantener algo de lo bueno del verano. Es lo que más se olvida: si la sensación es que la vida buena se ha acabado, cuesta más. Un paseo por la tarde, ver a alguien entre semana, seguir cenando fuera un día.

Tener algo cerca en la agenda. Un plan a dos o tres semanas vista —una escapada, un concierto, una comida— da un punto de anclaje.

Retomar el ejercicio, que ayuda al sueño y al ánimo.

Lo que lo alarga

  • Llegar el domingo por la noche y entrar a trabajar el lunes a primera hora.
  • Intentar recuperar todo el atraso en dos días.
  • Haber estado mirando el correo del trabajo durante las vacaciones, que impide desconectar y hace que la vuelta pese más.
  • Las siestas largas en los primeros días, que retrasan aún más el sueño nocturno.
  • El exceso de cafeína para compensar el cansancio.

Cuándo no es solo la vuelta

Esta es la parte importante. Si pasadas dos o tres semanas el malestar sigue igual o va a peor, ya no es adaptación.

Y si lo que aparece no es «cuesta volver» sino un rechazo intenso, angustia el domingo por la noche, agotamiento que no se recupera durmiendo o desmotivación profunda, merece atención: puede haber un problema con el trabajo —sobrecarga, conflicto, agotamiento profesional— o un cuadro de ansiedad o depresión que las vacaciones simplemente habían tapado.

Eso no se resuelve con consejos de adaptación. Se habla con el médico de familia.

Los niños

Les pasa igual y expresan peor. Ayuda recuperar los horarios de sueño una semana antes de la vuelta al cole, preparar el material con ellos y hablar de lo que viene sin dramatizarlo.

Los primeros días de llanto o de rechazo suelen ceder solos en una o dos semanas.

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