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Trabajo

Cuidar a un mayor dependiente: las ayudas y los permisos

Grados de dependencia, prestaciones y qué permisos laborales existen. Y la parte que menos se habla: cuidar al cuidador.

Por Redacción· · 4 min de lectura
Acompañamiento a una persona mayor
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Cuidar a un familiar mayor recae de forma abrumadora sobre mujeres de mediana edad, y suele empezar sin que nadie lo decida: se va asumiendo.

El reconocimiento de dependencia

El primer paso es solicitar la valoración en los servicios sociales del ayuntamiento o de la comunidad autónoma. Un equipo valora la autonomía para las actividades básicas de la vida diaria y asigna un grado:

  • Grado I: dependencia moderada.
  • Grado II: dependencia severa.
  • Grado III: gran dependencia.

Después se elabora un Programa Individual de Atención (PIA), que concreta los recursos que corresponden.

Conviene saber dos cosas: los plazos suelen ser largos, así que hay que solicitarlo cuanto antes; y los efectos económicos se retrotraen a la fecha de solicitud en muchos casos, por lo que la fecha de entrada del expediente importa.

Qué se puede obtener

El sistema da preferencia a los servicios sobre las prestaciones económicas:

  • Teleasistencia.
  • Ayuda a domicilio, con horas semanales según el grado.
  • Centro de día o de noche.
  • Plaza en residencia.
  • Prestación económica vinculada al servicio, si no hay plaza pública disponible.
  • Prestación económica para cuidados en el entorno familiar, de carácter excepcional, para el cuidador no profesional.
  • Prestación de asistencia personal.

Las cuantías y los requisitos varían por comunidad autónoma, y hay copago en función de la renta.

El convenio especial de cuidadores

Es una de las medidas menos conocidas y más importantes: los cuidadores no profesionales de personas en situación de dependencia pueden suscribir un convenio especial con la Seguridad Social cuyas cuotas están a cargo de la Administración General del Estado.

Eso significa que el tiempo dedicado al cuidado cotiza, y cuenta para la jubilación y para otras prestaciones. Muchas personas han cuidado años sin cotizar por no saber que existía.

Los permisos laborales

Para quien trabaja y cuida:

  • Reducción de jornada por cuidado de familiar hasta segundo grado que no pueda valerse por sí mismo, con reducción proporcional del salario.
  • Excedencia por cuidado de familiares, de hasta dos años, con reserva del puesto durante el primer año y cotización asimilada durante ese periodo.
  • Adaptación de jornada por conciliación, un derecho reconocido que incluye la posibilidad de solicitar el trabajo a distancia.
  • Permiso retribuido de 5 días al año por accidente, enfermedad grave, hospitalización o intervención quirúrgica sin hospitalización que precise reposo domiciliario de familiares hasta segundo grado o convivientes.
  • Permiso de 4 días al año por causa de fuerza mayor familiar urgente.
  • Permiso parental y las mejoras que establezca el convenio, que a menudo amplía todo lo anterior.

Merece la pena leer el convenio colectivo: muchas de estas condiciones se mejoran.

Otras ayudas

  • Ayudas técnicas y adaptación de la vivienda: grúas, camas articuladas, adaptación del baño, eliminación de barreras. Hay convocatorias autonómicas y municipales.
  • Reconocimiento de discapacidad, que es un trámite distinto del de dependencia y da acceso a otros beneficios: fiscales, de transporte, de acceso al empleo.
  • Deducciones fiscales por ascendiente a cargo y por discapacidad, tanto estatales como autonómicas.
  • Programas de respiro familiar, que ofrecen estancias temporales para que el cuidador descanse.

Cuidar al cuidador

Es la parte que menos se atiende y la que más determina cuánto tiempo se puede sostener el cuidado.

El agotamiento del cuidador es un cuadro descrito y frecuente: agotamiento físico, aislamiento social, ansiedad, depresión, problemas de sueño, y una culpa persistente por sentirse desbordado.

Lo que ayuda:

  • Repartir. Las reuniones familiares para repartir tareas son incómodas y necesarias. El cuidado que recae en una sola persona termina mal para todos.
  • Pedir ayuda formal sin esperar al límite.
  • Mantener espacios propios: unas horas a la semana, sin negociar.
  • Grupos de apoyo de asociaciones de familiares, que además son una fuente excelente de información práctica.
  • Atención a la propia salud. Los cuidadores dejan de ir al médico.

Y algo que conviene oír: cuidar bien no significa hacerlo todo una sola persona. Aceptar ayuda no es fallarle a nadie.

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