Tu nómina, línea a línea: qué mirar cada mes
Miras el importe final y archivas el PDF sin abrirlo. Te contamos qué significa cada bloque de la nómina, qué errores son los más frecuentes y cómo reclamarlos.
La mayoría abrimos la nómina, miramos el número de abajo del todo y cerramos el archivo. Y sin embargo ahí está escrito, en letra pequeña, si te han pagado bien las horas, si cotizas por lo que corresponde y si ese trienio que te tocaba ha entrado o no. Con la vuelta al ritmo normal después del verano es buen momento para sentarte diez minutos y aprender a leerla de una vez.
Bruto y neto: por qué nunca cuadran
El bruto es lo que tu empresa se compromete a pagarte; el neto es lo que llega a tu cuenta. Entre uno y otro hay dos descuentos: tu parte de las cotizaciones a la Seguridad Social y la retención de IRPF, que es un adelanto a cuenta de la renta del año siguiente.
Ojo con una confusión muy repetida: el coste que tienes para la empresa es bastante mayor que tu bruto, porque ella cotiza aparte por ti y eso no aparece como descuento en tu nómina. Y otra: si en la oferta te hablaron de un salario anual, pregunta siempre en cuántas pagas. No es lo mismo repartirlo en doce que en catorce.
La parte de arriba: devengos
Es todo lo que te pagan, desglosado. Suele dividirse en dos grupos:
- Percepciones salariales: salario base, complementos de puesto, antigüedad, plus de nocturnidad o turnos, horas extra, comisiones, la parte proporcional de las pagas extra si las tienes prorrateadas.
- Percepciones no salariales: dietas, kilometraje, indemnizaciones. No son salario, así que tributan y cotizan de otra forma.
Aquí es donde conviene comparar con tu convenio colectivo. Muchos complementos (antigüedad, plus de transporte, festivos) están fijados ahí y no se aplican solos: si te toca un trienio, revisa que aparezca. El convenio de tu sector es público y se puede consultar en el boletín oficial correspondiente.
La parte de abajo: deducciones
Verás dos bloques. El de Seguridad Social incluye contingencias comunes, desempleo, formación profesional y, si haces horas extra, su cotización específica. Son porcentajes fijados por norma, iguales para todo el mundo: ahí no hay margen de negociación.
El otro bloque es el IRPF. Ese porcentaje sí es personal: depende de lo que vayas a ganar en el año, de tu situación familiar, de si tienes hijos o personas a cargo, de discapacidad reconocida, de si pagas una hipoteca antigua con derecho a deducción… Si tu situación cambia (te suben el sueldo, nace un hijo, empiezas a pagar una pensión de alimentos), avisa a la empresa y actualiza el modelo 145. Es lo que evita el susto de junio.
Y ten claro esto: una retención baja no es dinero regalado. Si te retienen de menos, lo pagarás después de golpe.
La base de cotización: la línea que más importa a largo plazo
Está al final, casi escondida, y es la que determina cuánto cobrarías de baja, de paro o de jubilación. Si tu base no refleja tu salario real —porque parte del sueldo va "en negro", porque figuras a media jornada trabajando más horas o porque los complementos no se están cotizando—, el perjuicio no es de este mes: es de dentro de veinte años.
Contrasta esa base con tu informe de vida laboral, que puedes descargar gratis desde la sede de la Seguridad Social con certificado digital, Cl@ve o incluso por SMS. Merece la pena hacerlo una vez al año.
Los errores más frecuentes
- Horas extra o complementos que se pactaron de palabra y nunca llegan al papel.
- Días de vacaciones o de baja mal computados.
- Antigüedad congelada tras un cambio de contrato o una subrogación.
- Categoría profesional en la nómina distinta de la del trabajo que haces de verdad.
- Subidas de convenio que no se aplican con efectos retroactivos.
Si detectas algo raro, empieza por preguntar a administración o a recursos humanos por escrito, con educación y sin acusar: a veces es un error de un programa. Si no se soluciona, tienes representación sindical o comité, y después la vía de la Inspección de Trabajo o la reclamación judicial. Las reclamaciones de cantidad tienen un plazo limitado —del orden de un año desde que la cantidad era exigible—, así que no dejes que pasen meses "a ver si se arregla". Consulta con un abogado laboralista o con el sindicato antes de dar pasos.
Guárdalas, y guárdalas bien
Las nóminas te las van a pedir para una hipoteca, para un alquiler, para una ayuda o para demostrar años de antigüedad si algún día hay conflicto. Consejos prácticos:
- Descárgalas cada mes. Si te vas de la empresa, pierdes el acceso al portal del empleado de un día para otro.
- Renómbralas con año y mes al principio para que se ordenen solas.
- Ten una copia en la nube y otra en casa. Si las recibes en papel, una carpeta archivadora con separadores por año te evita el cajón revuelto.
- Para digitalizar lo antiguo sirve el móvil, aunque si tienes años de papeles acumulados un escáner de documentos lo hace en una tarde.
No hace falta convertirse en experta en cotizaciones. Con revisar el desglose una vez al mes y compararlo con el de la nómina anterior, cualquier cosa que se salga de lo normal te va a saltar a la vista. Y lo que se detecta a tiempo se arregla con un correo; lo que se detecta tres años después, casi nunca.