Saltar al contenido
RSS
Mujer21
Cocina

Bebidas frías caseras: tés helados, limonadas y granizados

Aguas con fruta, té en frío, café helado y granizados de batidora: cómo prepararlos en casa para tener siempre algo fresco en la nevera.

Por Redacción· · 5 min de lectura
Jarra de té helado con rodajas de limón y hielo sobre una mesa
Compartir

Llega julio y la nevera se llena de latas que se acaban en dos días. Con una jarra, agua y lo que ya tienes en la frutería de la esquina puedes tener bebidas frías hechas en casa toda la semana, controlando lo dulce y sin gastar apenas. Estas son las bases que funcionan.

Aguas infusionadas: fruta, hierbas y paciencia

No es agua con un trozo de limón flotando: la idea es dejar que el agua coja sabor en frío, un par de horas mínimo, mejor de un día para otro en la nevera. La fruta muy troceada suelta antes, pero también se deshace y deja el agua turbia; unas rodajas gruesas o unos gajos son más agradecidos.

Combinaciones que salen bien casi siempre:

  • Pepino y menta: la más refrescante de todas, y el pepino aporta sabor sin acidez.
  • Sandía y albahaca: mejor con la sandía en dados grandes, que aguantan.
  • Melocotón y romero: una ramita, no tres, que el romero se impone rápido.
  • Fresa y limón, con la piel del limón bien lavada y sin la parte blanca, que amarga.
  • Jengibre y lima, si te gustan los sabores con punta.

Lava bien la fruta antes de meterla, aunque vayas a pelarla. Estas aguas se beben en el día o al día siguiente: la fruta en remojo se fermenta antes de lo que parece, y si huele raro o el agua ha hecho espuma, se tira sin más.

Té helado: infusiónalo en frío

El truco que cambia el resultado es no hervir. Si haces el té caliente y lo enfrías, sale más amargo y turbio; si dejas las hojas o las bolsitas en agua fría en la nevera de seis a ocho horas, sale limpio, suave y sin ese fondo astringente.

Proporción de partida: unas cuatro bolsitas por litro, o dos cucharaditas de hoja suelta por cada medio litro. Luego cuelas y listo. El té verde y los blancos quedan finos así; el rojo y el negro aguantan bien y son los que mejor casan con limón. Las infusiones sin cafeína —menta, hibisco, manzanilla— también funcionan y son la opción para la última hora del día. Ojo con la cantidad de té y de café si notas que te desvela o te acelera: en verano se bebe mucho más volumen sin darte cuenta.

Café frío que no amarga

Mismo principio. Pon café molido grueso en una jarra con agua fría, en proporción aproximada de una parte de café por diez de agua, y déjalo en la nevera unas doce horas. Cuela con un colador fino o con un filtro de papel y guarda el concentrado; se rebaja con agua, con leche o con la bebida vegetal que uses. Sale un café dulzón, sin acidez, que aguanta varios días tapado en la nevera.

Si tienes prisa, hay una versión rápida: prepara el café como siempre, pero más cargado, y sírvelo directamente sobre un vaso lleno de hielo. Se enfría de golpe y el hielo al derretirse lo deja en su punto.

Limonadas y granizados

La limonada casera se arregla en cinco minutos si tienes almíbar hecho: partes iguales de agua y azúcar al fuego hasta que se disuelva, y a un tarro en la nevera, donde dura semanas. Así endulzas en frío sin que queden granos en el fondo del vaso, y controlas la cantidad tú, cucharada a cucharada.

A partir de ahí:

  • Limonada base: zumo de limón, agua muy fría y almíbar al gusto. Empieza por poco y ve subiendo.
  • De hierbabuena: machaca las hojas con el almíbar antes de mezclar, no las tritures con el zumo o amargan.
  • Con gas: monta la mezcla concentrada y remata con agua con gas en el momento de servir.

Para los granizados, la fruta congelada es la clave. Congela sandía, melón, mango o plátano en dados y tritúralos con un chorrito de agua o de zumo: si tienes una batidora de vaso potente sale una textura de granizado de verdad, sin necesidad de nata ni de leche. También puedes congelar directamente café o té en cubitos y triturarlos con un poco de leche.

El hielo importa más de lo que parece

Un cubito pequeño se derrite en dos minutos y te deja el vaso aguado. Merece la pena tener cubiteras grandes, o congelar el propio té o la propia limonada en cubitos para que, al deshacerse, no rebajen la bebida. Y si vas a servir a varias personas, enfría antes la jarra y el líquido en la nevera: el hielo está para mantener el frío, no para crearlo.

Cómo organizarte para no volver a las latas

La gracia está en tenerlo hecho. Una jarra de té en frío puesta a última hora de la noche está lista al levantarte; el concentrado de café, igual. El almíbar y la fruta en dados en el congelador se preparan un domingo y aguantan. Con esas tres cosas en casa, cualquier bebida fría te sale en un minuto, que es justo el tiempo que estás dispuesta a dedicarle cuando entras por la puerta a cuarenta grados.

Ten en cuenta que, sin conservantes, estas bebidas duran poco: uno o dos días tapadas en la nevera, y sin la fruta dentro pasado el primer día. Prepara jarras pequeñas y repón a menudo mejor que hacer cinco litros que se quedan a medias.

¿Te ha servido? Compártelo

También te puede interesar