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Empezar a correr a los cuarenta: el plan de las primeras ocho semanas

El error es salir a correr veinte minutos el primer día. Un plan progresivo, qué zapatillas hacen falta y las lesiones que aparecen por prisa.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Corredor entrenando al aire libre
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Correr es barato, no necesita instalaciones y mejora la salud cardiovascular de forma rápida. También es el deporte con más lesiones por sobreuso, y prácticamente todas vienen de progresar demasiado rápido.

Antes de empezar

Si tienes más de 40, llevas años sin actividad regular, tienes sobrepeso, hipertensión, diabetes o antecedentes cardiovasculares familiares, una revisión médica previa con electrocardiograma es lo sensato. No es burocracia: es la recomendación estándar.

El plan de ocho semanas

La base es alternar caminar y correr, aumentando gradualmente la parte de carrera. Tres sesiones por semana, siempre con un día de descanso entre ellas.

Cada sesión: cinco minutos de caminata para calentar, el bloque principal, y cinco de vuelta a la calma.

  • Semanas 1-2: 1 minuto corriendo / 2 caminando, ocho veces.
  • Semanas 3-4: 2 minutos / 2 caminando, siete veces.
  • Semanas 5-6: 3 minutos / 2 caminando, seis veces.
  • Semanas 7-8: 5 minutos / 2 caminando, cinco veces.

Al final de la octava semana estarás corriendo 25 minutos repartidos, que es una base sólida. A partir de ahí se puede empezar a correr sin pausas.

La regla del 10%: no aumentes el volumen semanal más de un 10% respecto a la semana anterior. Es la recomendación clásica y la que más lesiones evita.

El ritmo

Mucho más lento de lo que crees. La referencia práctica: deberías poder mantener una conversación mientras corres. Si no puedes hablar, vas demasiado rápido.

Casi todos los principiantes corren demasiado deprisa, se agotan en cinco minutos y concluyen que correr no es para ellos.

Las zapatillas

Es lo único que hay que comprar, y donde no conviene ahorrar.

  • Zapatillas específicas de running, no de gimnasio ni de moda.
  • Media talla más que tu calzado normal: el pie se hincha al correr.
  • Pruébatelas por la tarde y con el calcetín que vas a usar.
  • Cámbialas cada 600-800 km. La amortiguación se agota aunque la suela parezca entera.

En una tienda especializada te miran la pisada. Y unos calcetines técnicos sin costuras evitan las ampollas, que es lo que más gente abandona en las primeras semanas.

Las lesiones que aparecen

Casi todas por progresar rápido:

  • Periostitis tibial: dolor en la cara interna de la tibia. Aparece por aumentar volumen demasiado rápido o correr en asfalto sin adaptación.
  • Fascitis plantar: dolor en el talón, típicamente al levantarse por la mañana.
  • Rodilla del corredor: dolor alrededor de la rótula, frecuente por debilidad de glúteo.
  • Tendinopatía del Aquiles.

La prevención más eficaz no es correr más: es fortalecer. Dos sesiones semanales de fuerza —sentadillas, puentes de glúteo, elevaciones de talón— reducen las lesiones de forma notable y mejoran el rendimiento.

Señales para parar

Dolor articular que persiste al día siguiente, dolor que empeora durante la carrera, cojera, o cualquier dolor torácico, mareo o falta de aire desproporcionada. Esto último, sin discusión: al médico.

Las agujetas y el cansancio son normales. El dolor localizado y agudo, no.

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