Próstata: qué revisar y a partir de qué edad
El PSA no es una prueba tan simple como parece. Qué síntomas importan y qué conviene hablar con el médico.
La próstata es una glándula del tamaño de una nuez que rodea la uretra. Con la edad tiende a crecer, y ese crecimiento es la causa de los síntomas urinarios más frecuentes en hombres a partir de los 50.
Los síntomas que hay que reconocer
- Levantarse varias veces por la noche a orinar.
- Chorro débil o intermitente.
- Tardar en empezar a orinar.
- Goteo al terminar.
- Sensación de vaciado incompleto.
- Urgencia repentina.
- Aumento de la frecuencia durante el día.
La causa más habitual es la hiperplasia benigna de próstata: un crecimiento no canceroso, muy frecuente —afecta a la mayoría de los hombres a partir de cierta edad— y con tratamiento eficaz.
Es importante decir esto claro: estos síntomas no significan cáncer. Y también lo contrario: el cáncer de próstata en fase inicial no da síntomas. Por eso los síntomas no sirven para descartarlo ni para detectarlo.
El PSA y por qué es más complicado de lo que parece
El PSA es una proteína que produce la próstata y que se mide en sangre. Puede estar elevada en el cáncer, y también en:
- Hiperplasia benigna.
- Prostatitis o infección urinaria.
- Tras una eyaculación reciente, ir en bicicleta o un tacto rectal.
Y al revés: puede haber cáncer con PSA normal.
Esto tiene una consecuencia práctica: el cribado poblacional con PSA no está recomendado de forma sistemática en España ni en la mayoría de países. La razón es el sobrediagnóstico: detecta muchos tumores que nunca habrían dado problemas, y el diagnóstico lleva a biopsias y a tratamientos con efectos importantes —incontinencia, disfunción eréctil.
Lo que sí se recomienda es la decisión compartida: hablarlo con el médico a partir de los 50 años —o de los 45 si hay antecedentes familiares de primer grado o ascendencia africana—, entendiendo qué aporta la prueba y qué implica un resultado alterado.
Un PSA elevado hoy no lleva directamente a biopsia: se repite, se valoran la velocidad de cambio y otros parámetros, y cada vez se usa más la resonancia magnética previa para decidir.
Cuándo ir sin esperar
- Sangre en la orina o en el semen.
- Imposibilidad total de orinar. Es una urgencia.
- Dolor al orinar, en la zona perineal o lumbar persistente.
- Fiebre con síntomas urinarios.
- Pérdida de peso inexplicada.
- Síntomas que empeoran o que afectan al descanso y a la vida diaria.
Lo que ayuda con los síntomas leves
- Reducir líquidos por la noche, y sobre todo alcohol y cafeína, que irritan la vejiga y son diuréticos.
- Vaciar del todo: esperar unos segundos y volver a intentarlo.
- Actividad física, que se asocia a menos síntomas.
- Revisar la medicación con el médico: algunos antihistamínicos y descongestionantes empeoran la retención.
- No aguantar largos periodos con la vejiga llena.
Cuando hace falta, hay tratamiento farmacológico eficaz y, en casos concretos, quirúrgico.
Y lo que de verdad importa
La estadística es conocida: los hombres consultan más tarde y menos. Un chorro débil o levantarse tres veces por la noche no es «hacerse mayor» sin más: es un síntoma con causa identificable y con tratamiento.
Y con el tacto rectal, que sigue siendo una barrera para muchos: dura unos segundos, no duele y aporta información que ninguna analítica da.