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Ocio y Viajes

Caminar por el monte sin ser montañero: cómo empezar

La mayoría de los rescates son por rutas mal elegidas y frontales olvidados. Qué mirar antes de salir y qué llevar.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Sendero de montaña señalizado
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El senderismo es de las actividades más accesibles que existen y también de las que más rescates generan, casi siempre por lo mismo: una ruta elegida por la foto y sin mirar el desnivel.

Elegir la ruta

Los tres datos que hay que mirar, en este orden:

El desnivel acumulado, mucho más que la distancia. Diez kilómetros llanos y diez con 800 metros de subida son actividades completamente distintas.

El tiempo estimado, y sumarle margen: los tiempos publicados suelen ser de gente en forma y sin paradas.

El tipo de terreno. Pista ancha, senda, trepada, pasos aéreos. Muchas rutas «fáciles» tienen un tramo concreto que no lo es.

Para empezar: rutas circulares, señalizadas, de menos de 10 km y menos de 400 metros de desnivel.

La señalización

En España, las marcas oficiales son:

  • GR (gran recorrido): blanco y rojo. Más de 50 km.
  • PR (pequeño recorrido): blanco y amarillo. Entre 10 y 50 km.
  • SL (sendero local): blanco y verde. Menos de 10 km.

Dos marcas paralelas indican continuidad; una marca en aspa indica dirección equivocada; una marca en ángulo, cambio de dirección.

Perder de vista las marcas durante un rato largo significa casi siempre que uno se ha salido: lo correcto es volver a la última marca vista, no seguir hacia delante esperando encontrarla.

Lo que hay que llevar siempre

Aunque la ruta sea corta:

  • Agua, más de la que parece necesaria. Como referencia, medio litro por hora de marcha, y más en verano.
  • Comida: fruto seco, fruta, barritas.
  • Móvil cargado y batería externa.
  • Mapa o track descargado offline. La cobertura falla justo donde hace falta.
  • Frontal o linterna. Es lo que más se olvida y lo que más rescates evita: una ruta que se alarga dos horas termina de noche.
  • Cortavientos o chubasquero. En montaña el tiempo cambia rápido.
  • Capa de abrigo, aunque haga calor abajo: en altura la temperatura baja notablemente.
  • Protección solar, gorra y gafas. La radiación aumenta con la altitud.
  • Botiquín pequeño con apósitos para ampollas, gasas y una manta térmica.
  • Silbato, que se oye mucho más lejos que la voz y cansa menos.

El calzado

Es lo único en lo que merece la pena gastar desde el principio. Zapatilla de trekking o bota, con suela con dibujo profundo, y ya usada: nunca estrenar en una ruta larga.

Calcetines técnicos, no de algodón: el algodón retiene la humedad y es lo que produce las ampollas.

Y unos bastones de trekking reducen mucho la carga en las rodillas en las bajadas, que es donde se sufre.

Antes de salir

  • Consultar la previsión meteorológica de montaña, que no es la del pueblo.
  • Avisar a alguien de la ruta y de la hora prevista de vuelta. Es la medida que más acelera un rescate.
  • Salir temprano. Da margen y evita las horas de calor y las tormentas de tarde en verano.
  • Calcular la hora de anochecer y ponerse un límite: si a tal hora no se ha llegado a tal punto, se da la vuelta.

Durante

  • Ritmo constante que permita hablar. Salir rápido es el error clásico.
  • Beber antes de tener sed y comer antes de tener hambre.
  • El grupo va al ritmo del más lento, y nunca se separa. La mayoría de los incidentes ocurren con alguien que se ha adelantado o rezagado.
  • No dar por hecho el regreso: hay que llegar arriba con energía para bajar, y la bajada es donde se producen la mayoría de las lesiones.

Si te pierdes

Pararse. Seguir andando desorientado empeora todo.

Volver sobre los pasos hasta el último punto reconocible. Si no es posible, quedarse en sitio visible y despejado, llamar al 112 y dar las coordenadas —cualquier aplicación de mapas las muestra—.

Y no bajar por un barranco ni seguir el cauce de un río buscando salida: es lo que la intuición sugiere y lo que más accidentes causa.

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