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Ocio y Viajes

Hacer la maleta: el método que evita llevar la mitad de más

Casi todo el mundo lleva ropa que no usa. Cómo elegir por conjuntos, qué va en cabina y los líquidos que dan problemas.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Maleta preparada para viajar
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La estadística informal más repetida entre quienes viajan mucho es que se usa aproximadamente la mitad de lo que se lleva. Y la otra mitad se carga, se arruga y se vuelve a traer.

Elegir por conjuntos, no por prendas

Este es el cambio que más reduce la maleta.

En lugar de meter «cuatro camisetas y dos pantalones», se piensa en qué se va a hacer cada día y se monta el conjunto completo, zapatos incluidos. Lo que no forma parte de ningún conjunto, no va.

Y una paleta de color reducida —dos neutros y un color— hace que casi todo combine con casi todo, así que con menos prendas salen más combinaciones.

Los zapatos, que son lo que ocupa

Dos pares, tres como mucho: los cómodos de andar, unos de vestir si hace falta y sandalias o similares.

Los más voluminosos se llevan puestos en el viaje. Y dentro de los zapatos se meten calcetines, cargadores o cosas pequeñas: es espacio que si no se desperdicia.

Enrollar o doblar

Enrollar ocupa menos y arruga menos las prendas de punto, camisetas y vaqueros.

Doblar es mejor para camisas, americanas y prendas estructuradas.

Lo que de verdad ordena una maleta son los organizadores de maleta: separan por categorías, comprimen y permiten sacar una cosa sin deshacer el resto. Es la mejora más grande por poco dinero.

Y el orden: lo pesado abajo, junto a las ruedas, para que la maleta no vuelque.

El neceser

Formato viaje, y comprando lo que se acabe en destino en lugar de llevar botes enteros. En muchos alojamientos ya hay champú y gel.

Aparte y accesible: medicación con su receta o informe, gafas de repuesto y lo que no se pueda comprar allí.

Cabina y líquidos

  • Líquidos: envases de máximo 100 ml cada uno, todos dentro de una bolsa transparente con cierre de un litro, una por pasajero. Cuenta la capacidad del envase, no lo que quede dentro: un bote de 200 ml medio vacío no pasa.
  • Se consideran líquidos los geles, cremas, pastas, aerosoles y también el yogur o la miel.
  • Excepción: medicación y alimentación infantil, en cantidades razonables y justificables.
  • Las baterías externas y de litio van en cabina, nunca facturadas. Es una norma de seguridad, no un capricho.
  • Algunos aeropuertos con escáneres nuevos han relajado la norma de los 100 ml, y el criterio varía: conviene ir preparado para la norma estricta.

Lo que nunca se factura

Documentación, dinero, tarjetas, joyas, medicación, electrónica cara, llaves y una muda completa.

Esa muda en el equipaje de mano es la diferencia entre un contratiempo y un primer día arruinado si la maleta se retrasa. Y si se viaja en grupo, repartir la ropa entre maletas: si se pierde una, nadie se queda sin nada.

Antes de cerrar

  • Foto del contenido de la maleta y de la maleta por fuera. Sirve para reclamar si se pierde.
  • Etiqueta con nombre y teléfono, y también una dentro.
  • Pesarla en casa, que sale mucho más barato que en el mostrador.
  • Documentación: caducidad del DNI o pasaporte, visados, tarjeta sanitaria europea si procede, y copia digital de todo en el móvil y en el correo.

El truco final

Hacer la maleta dos días antes y dejarla abierta. En esas 48 horas se recuerda lo que falta —sin prisas— y, sobre todo, se quitan cosas al verlas con perspectiva.

Y una regla que funciona: cuando dudes de una prenda, la duda ya es la respuesta.

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