Saltar al contenido
RSS
Mujer21
Salud y Belleza

Hablar y moverse dormido: qué es el trastorno de conducta del sueño REM

Dar patadas o gritar durante una pesadilla no es lo mismo que tener un sueño agitado. Cuando ocurre de forma repetida, es un trastorno concreto y conviene consultarlo.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Hablar y moverse dormido: qué es el trastorno de conducta del sueño REM
Compartir

Durante la fase REM, la del sueño con más actividad onírica, el cerebro desconecta la musculatura voluntaria. Es un mecanismo de seguridad: sueñas que corres y las piernas no se mueven. En algunas personas ese bloqueo falla, y entonces representan físicamente lo que están soñando.

Qué se ve desde fuera

No es hablar en sueños ni dar una vuelta en la cama. Quien lo tiene puede gritar, insultar, dar puñetazos o patadas, agarrar a quien duerme al lado o tirarse de la cama. Suele ir asociado a sueños de contenido defensivo —discutir, escapar, pelear— y la persona, al despertarla, recuerda el sueño y se sorprende de lo que ha hecho.

Es más frecuente a partir de los cincuenta y bastante más en hombres. Muchas veces quien lo detecta no es el afectado sino la pareja, a veces después de llevarse un golpe.

En qué se diferencia de otras cosas

  • Pesadillas corrientes: hay angustia y despertar, pero no movimiento. El cuerpo sigue bloqueado.
  • Terrores nocturnos: ocurren en sueño profundo, no en REM, típicamente en la primera parte de la noche, y no se recuerdan al día siguiente.
  • Sonambulismo: también fuera de REM. La persona se levanta y camina con los ojos abiertos, pero no está representando un sueño.
  • Síndrome de piernas inquietas: ocurre despierto, al ir a dormir, y es una sensación desagradable con necesidad de mover las piernas.

Por qué conviene consultarlo

Por dos razones distintas. La primera y más inmediata: hay riesgo de lesión, para la persona y para quien duerme al lado. Caídas de la cama, golpes contra la mesilla, heridas.

La segunda es que la investigación de los últimos años ha establecido una asociación entre este trastorno y la aparición posterior de enfermedades neurodegenerativas, en particular el párkinson y algunas demencias. Es una asociación estadística, no una condena: significa que la proporción de personas que las desarrollan es mayor en este grupo que en la población general, y en muchos casos con años o décadas de diferencia. Hay quien lo tiene y nunca desarrolla nada.

Esa asociación no es motivo para alarmarse, pero sí para que lo valore un neurólogo o una unidad del sueño en vez de dejarlo pasar. El diagnóstico se confirma con una polisomnografía, un registro del sueño en el que se mide, entre otras cosas, si el tono muscular desaparece en REM como debería.

Qué se puede hacer mientras tanto

Lo primero es hacer segura la habitación: retirar mesillas con esquinas, objetos duros y cristales del entorno de la cama, colchón bajo o colchoneta en el suelo al lado, ventanas aseguradas. En algunos casos las parejas optan por dormir en camas separadas durante una temporada, que no es un fracaso sino una medida sensata.

Ciertos factores empeoran los episodios: el alcohol, la falta de sueño y algunos fármacos, entre ellos varios antidepresivos. Eso último no se toca por cuenta propia: se le comenta al médico que los prescribió.

Cuándo pedir cita

Si los episodios se repiten, si ha habido algún golpe o caída, o si la pareja ha dejado de dormir por miedo. No hace falta esperar a que pase algo grave: es un motivo de consulta perfectamente razonable en atención primaria, que derivará a la unidad correspondiente.

¿Te ha servido? Compártelo

También te puede interesar