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Salud y Belleza

Lunares: la regla que hay que conocer y cuándo ir al dermatólogo

La mayoría son inofensivos. Cinco letras para saber cuál mirar, y las zonas que uno no se ve y donde más aparece el melanoma.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Revisión de la piel
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La mayoría de los lunares son inofensivos y no van a cambiar nunca. La cuestión es saber cuáles merecen una mirada, porque el melanoma detectado a tiempo tiene un pronóstico excelente y detectado tarde, no.

La regla ABCDE

Es la herramienta estándar y se aprende en un minuto:

  • A — Asimetría. Si doblaras el lunar por la mitad, las dos mitades no coincidirían.
  • B — Bordes. Irregulares, dentados o mal definidos, en lugar de un contorno limpio.
  • C — Color. No uniforme: varios tonos de marrón, negro, rojo, blanco o azulado dentro del mismo lunar.
  • D — Diámetro. Mayor de 6 milímetros, aproximadamente lo que ocupa la goma de un lápiz. No es absoluto: hay melanomas más pequeños.
  • E — Evolución. Es la letra más importante. Cualquier cambio en tamaño, forma, color, relieve, o que empiece a picar, sangrar o costrar.

Un lunar que cambia se consulta aunque cumpla todas las demás letras «bien».

El signo del patito feo

Complementa a la regla ABCDE y es muy útil: los lunares de una misma persona tienden a parecerse entre sí. El que destaca del conjunto —distinto en color, forma o tamaño al resto de los tuyos— merece revisión, aunque por separado no parezca alarmante.

Las zonas que uno no se ve

Aquí está el problema práctico de la autoexploración:

  • La espalda, que es donde más melanomas aparecen en hombres.
  • La parte posterior de las piernas, la zona más frecuente en mujeres.
  • El cuero cabelludo, sobre todo con poco pelo.
  • Las orejas y la nuca.
  • Plantas de los pies, entre los dedos y bajo las uñas. Menos frecuentes y a menudo diagnosticados tarde precisamente por eso.

La solución: que alguien te mire la espalda una o dos veces al año, o fotografiarla. Diez minutos.

Quién tiene más riesgo

  • Piel clara, pelo rubio o pelirrojo, ojos claros, que se quema y no se broncea.
  • Muchos lunares, más de 50.
  • Antecedentes familiares de melanoma.
  • Quemaduras solares con ampollas en la infancia. El daño se acumula desde niño.
  • Uso de cabinas de bronceado, sobre todo antes de los 35.
  • Inmunosupresión.

Cuándo ir sin esperar

Un lunar que cambia, uno que sangra o pica sin causa, uno nuevo después de los 40, una lesión que no cicatriza en semanas, o una banda oscura longitudinal nueva bajo una uña.

Este último es poco conocido y conviene consultarlo sin demora.

La revisión

Una revisión dermatológica anual está indicada si tienes factores de riesgo. Sin ellos, la autoexploración periódica suele bastar, consultando ante cualquier cambio.

El dermatólogo usa dermatoscopio, que permite ver estructuras invisibles a simple vista. Es indolora y dura minutos.

La prevención sigue siendo lo mismo

Protección solar diaria, evitar el sol de mediodía, sombrero y ropa, y nunca cabinas de bronceado: están clasificadas como carcinógenas para humanos y el riesgo es especialmente marcado cuando se empieza joven.

Un protector solar de factor alto usado a diario es la medida con más impacto demostrado sobre el riesgo de cáncer de piel.

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