Protección solar: los errores que hacen que no funcione
El factor de la etiqueta se mide con una cantidad que casi nadie aplica. Cuánto hace falta y qué significa cada sigla.
Casi todo el mundo usa protector solar en verano y una gran parte obtiene mucha menos protección de la que cree. Los motivos son siempre los mismos tres.
1. La cantidad
Es el error principal. El factor de protección se mide en laboratorio aplicando 2 miligramos por centímetro cuadrado de piel. En la práctica, la gente aplica entre un cuarto y la mitad de eso.
Y la protección no baja proporcionalmente: baja bastante más. Un SPF 50 aplicado a la mitad de dosis no protege como un 25.
Las referencias prácticas:
- Cara y cuello: aproximadamente dos dedos de producto, o el equivalente a una cucharadita.
- Cuerpo entero de un adulto: unos 30 ml, el equivalente a un vaso de chupito. Un bote de 200 ml da para unas seis aplicaciones completas.
Si un bote dura todo el verano, no se está usando suficiente.
2. La reaplicación
Cada dos horas, y siempre después del baño, del sudor abundante o de secarse con la toalla.
«Resistente al agua» significa que mantiene una parte de su protección tras 40 u 80 minutos de inmersión, no que sea permanente.
3. El momento y las zonas olvidadas
Se aplica 20-30 minutos antes de la exposición, sobre piel seca y limpia.
Las zonas que se saltan sistemáticamente: orejas, nuca, empeines, raya del pelo, párpados, labios —con un bálsamo con SPF—, dorso de las manos y el borde del bañador.
Qué significa la etiqueta
SPF mide la protección frente a la radiación UVB, la que quema. Un SPF 30 filtra aproximadamente el 97% y un SPF 50 el 98%: la diferencia parece pequeña y no lo es tanto, porque el porcentaje que pasa se reduce casi a la mitad.
UVA en un círculo: indica que la protección UVA es al menos un tercio del SPF declarado, según la recomendación europea. Es importante: la radiación UVA no quema pero penetra más, y es la responsable del envejecimiento de la piel y de buena parte del daño celular.
Un buen protector debe llevar ambas cosas. «Protección de amplio espectro» es lo que hay que buscar.
Filtros físicos y químicos
Físicos o minerales (óxido de zinc, dióxido de titanio): reflejan la radiación, actúan de inmediato, son muy bien tolerados y pueden dejar un velo blanquecino. Recomendados en pieles sensibles, en niños y tras procedimientos dermatológicos.
Químicos u orgánicos: absorben la radiación. Textura más agradable y necesitan unos minutos para ser efectivos.
Muchos productos combinan ambos. La mejor crema es, en la práctica, la que te vas a poner en cantidad suficiente: si una textura no gusta, no se usa bien.
Lo que no protege
- Estar bajo la sombrilla. La arena, el agua y el hormigón reflejan una parte importante de la radiación.
- Estar nublado. Una proporción alta de la radiación UV atraviesa las nubes.
- Estar dentro del agua. La radiación penetra.
- La ropa fina y clara mojada. Una camiseta blanca de algodón mojada protege muy poco. La ropa con protección UPF sí.
- El protector del año pasado abierto: los filtros se degradan. Se mira el símbolo del tarro abierto con los meses.
Los grupos que necesitan más cuidado
- Menores de 6 meses: no deben exponerse al sol directo. Sombra y ropa, no crema.
- Pieles claras, pelirrojas y con muchos lunares.
- Antecedentes personales o familiares de cáncer de piel.
- Personas que toman fotosensibilizantes: algunos antibióticos, antiinflamatorios, diuréticos y antidepresivos aumentan la sensibilidad al sol. Viene indicado en el prospecto.
- Embarazo, por el riesgo de melasma.
Y el resto del año
La radiación UVA es prácticamente constante durante todo el año y atraviesa el cristal. Para quien pasa tiempo al aire libre, o junto a una ventana, la protección diaria en la cara tiene sentido en cualquier mes.
La medida más eficaz sigue siendo la más simple: evitar la exposición entre las 12 y las 16, y usar ropa, sombrero y gafas. La crema es el complemento, no la primera barrera.