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Salud y Belleza

Medicamentos y calor: dónde guardarlos cuando aprieta el verano

El baño es el peor sitio de la casa y el coche, directamente una trampa. Qué le pasa a cada tipo de medicamento con el calor y cómo saber si aún sirve.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Medicamentos y calor: dónde guardarlos cuando aprieta el verano
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La caja dice «conservar por debajo de 25 grados» y en agosto tu casa ronda los 30 a media tarde. No es una recomendación decorativa: el calor degrada los principios activos, y un medicamento degradado no es peligroso en el sentido de que te vaya a envenenar, pero puede haber perdido buena parte de su efecto sin que nada en su aspecto lo delate.

El baño es el peor armario de la casa

Es donde casi todo el mundo los guarda y es justo donde peor están. Cada ducha convierte ese cuarto en una sauna: humedad alta y subidas bruscas de temperatura, varias veces al día. Las pastillas absorben esa humedad y se reblandecen; los efervescentes se apelmazan; las cápsulas de gelatina se pegan entre sí.

El sitio correcto es un armario de un dormitorio o de un pasillo, lejos de radiadores, de la cocina y de la luz directa. Seco, oscuro y estable. Si en tu casa no hay ningún rincón que baje de 25 grados en verano, una caja hermética de plástico en la parte baja de un armario interior ayuda más de lo que parece: amortigua los picos.

Qué se estropea antes

  • Insulina y otros inyectables: son los más delicados. Nevera, entre 2 y 8 grados, y nunca en la puerta ni pegados al congelador.
  • Jarabes y colirios: una vez abiertos tienen fecha propia, mucho más corta que la del envase. Anótala en la caja con rotulador el día que lo abres.
  • Supositorios y óvulos: se deforman con nada. Si llegan blandos, ya no van a recuperar la forma.
  • Parches: el calor acelera la liberación del principio activo, así que un parche que ha pasado la tarde en un coche no libera lo que debería.
  • Comprimidos secos: son los más resistentes, pero tampoco son eternos.

El coche es una trampa

Un vehículo aparcado al sol en agosto pasa de 60 grados en el habitáculo y de 70 en la guantera. Media hora ahí dentro basta para arruinar según qué. Si llevas medicación encima en un viaje largo, va contigo en el bolso, no en la guantera ni en el maletero. Para trayectos de varias horas con algo que necesite frío, una nevera portátil pequeña con acumuladores resuelve sin complicarse; lo importante es que el medicamento no toque directamente el hielo.

Cómo saber si ya no sirve

No hay una regla infalible, pero hay señales que cantan: comprimidos que han cambiado de color o se desmigajan al tocarlos, cápsulas pegadas, cremas que se han separado en dos fases, jarabes con grumos o con un olor distinto al de siempre, efervescentes convertidos en un bloque.

Ante la duda, la respuesta es siempre la misma: pregunta en tu farmacia. Te lo van a mirar en treinta segundos y sin coste. Y no lo tires a la basura ni por el váter: los medicamentos caducados van al punto SIGRE de la farmacia, que existe justo para eso.

Un repaso al botiquín, una vez al año

Elige una fecha fácil de recordar —el cambio de hora sirve— y vacía el cajón entero sobre la mesa. Vas a encontrar antibióticos a medias de hace tres inviernos y cremas sin etiqueta que ya nadie sabe qué eran. Fuera todo lo caducado, fuera lo que no se puede identificar, y lo que queda vuelve ordenado.

Guardar los prospectos ayuda más de lo que parece: son los que dicen la temperatura máxima real de cada cosa, y esa cifra cambia bastante de un medicamento a otro.

Si te vas de viaje

Lleva siempre la medicación en el equipaje de mano. Las bodegas de los aviones no van climatizadas igual que la cabina, y una maleta perdida con tu tratamiento dentro es un problema serio en destino. Si vas fuera de la UE, lleva también la receta o un informe del médico: en algunos países aduanas pregunta.

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