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Moda

Guardar la ropa de invierno para que no aparezcan sorpresas

La polilla va a lo sucio, no a lo limpio. Cómo lavar, dónde guardar y qué hacer con abrigos, lana y piel.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Ropa de invierno doblada para guardar
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Las prendas no se estropean en el armario por el tiempo: se estropean por lo que se guardó con ellas. Y casi todo el daño de una temporada a otra viene de tres cosas: suciedad, humedad y luz.

Lavar todo antes de guardar, sin excepción

Es la regla que más se salta y la que más prendas salva.

La polilla no come lana: comen sus larvas, y lo que las atrae son los restos de sudor, piel, comida y perfume sobre la fibra. Una prenda perfectamente limpia es mucho menos atractiva. Un jersey «que solo me puse una vez» tiene sudor invisible suficiente.

Además, las manchas que no se ven —vino blanco, sudor, crema— se oxidan con los meses y aparecen en septiembre como manchas amarillas ya imposibles de quitar.

Que esté completamente seco

Guardar algo con la más mínima humedad es garantía de moho y de olor a cerrado. Después de lavar, secado completo y, si hay duda, unas horas al aire.

Cómo se guarda cada cosa

La lana y el punto, doblados. Nunca en percha: el peso deforma los hombros y da de sí la prenda de forma permanente.

Los abrigos y las americanas, en percha ancha y con forma, no de alambre. Con espacio entre prendas: apretadas se marcan arrugas que no salen.

Los vaqueros y prendas pesadas, doblados y abajo.

La piel y el cuero necesitan respirar: nunca en plástico. Funda de tela, en un sitio ventilado, y sin doblar.

Fundas: de tela, no de plástico

Es un error muy extendido. Las bolsas de plástico y las de tintorería no transpiran: retienen la humedad y pueden amarillear los tejidos. Se quitan al llegar a casa.

Lo adecuado son fundas de algodón o TNT transpirable. Para prendas de volumen, las bolsas de compresión al vacío ahorran mucho espacio, con dos salvedades: no usarlas con plumas ni con lana gruesa durante toda una temporada, porque comprimidas mucho tiempo pierden esponjosidad, y nunca con piel.

Contra la polilla

  • Limpieza previa, que es lo principal.
  • Lavanda, cedro o clavo. Repelen razonablemente y hay que renovarlos: el cedro pierde efecto y se reactiva lijando ligeramente la superficie.
  • Naftalina: eficaz, olor persistente y desaconsejada por toxicidad. Existen alternativas modernas mejores.
  • Aspirar el armario a fondo antes de guardar, incluidas esquinas y ranuras: los huevos están ahí.
  • Si ya hay polilla: lo que salva es el frío o el calor. Lavar a 60 grados lo que lo admita, o meter la prenda en una bolsa cerrada en el congelador durante al menos 72 horas.

La humedad y la luz

En zonas húmedas —costa, plantas bajas, armarios en pared exterior— un antihumedad o unas bolsas de gel de sílice evitan el moho y el olor.

Y luz directa nunca: decolora, sobre todo los negros y los colores intensos.

El momento de decidir

Guardar la ropa es la mejor ocasión del año para reducir. La pregunta útil no es «¿me lo pondré?», que siempre se responde que sí, sino «¿me lo he puesto este invierno?».

Lo que no se ha usado en toda una temporada, y no es de fiesta ni de emergencia, difícilmente se usará en la siguiente. Y ocupa el sitio de lo que sí se usa.

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