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Salud y Belleza

Protector solar: cómo elegirlo y por qué casi nadie se pone suficiente

La cantidad correcta es bastante mayor de lo que la gente usa, y eso convierte un factor 50 en un factor 15 real.

Por Redacción· · 3 min de lectura
Aplicación de protector solar
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El protector solar es la medida con más impacto demostrado sobre el envejecimiento de la piel y sobre el riesgo de cáncer cutáneo. Y es también el producto que peor se usa.

El problema de la cantidad

El factor de protección se mide en laboratorio aplicando 2 miligramos por centímetro cuadrado de piel. En la vida real, la mayoría de la gente aplica entre un cuarto y la mitad de esa cantidad.

Y la protección no baja de forma proporcional: baja mucho más. Un SPF 50 aplicado a la mitad de dosis no protege como un 25, sino bastante menos.

Las referencias prácticas: para la cara y cuello, aproximadamente dos dedos de producto —la longitud del índice y del corazón. Para el cuerpo entero de un adulto, unos 30 ml, que es como un vasito de chupito.

Qué mirar en el envase

SPF 30 como mínimo, 50 en piel clara, en niños y en zonas de mucha exposición.

Protección UVA. El SPF solo mide los UVB, los de la quemadura. Los UVA penetran más y son los del fotoenvejecimiento y buena parte del daño celular. Busca el símbolo UVA dentro de un círculo —obligatorio en la UE— o «amplio espectro».

Resistente al agua si vas a bañarte, aunque eso no significa impermeable: hay que reaplicar al salir.

Filtros físicos o químicos: los físicos (óxido de zinc, dióxido de titanio) actúan al momento y suelen tolerarse mejor en piel sensible; los químicos son más ligeros y menos blanquecinos. Los dos protegen bien.

Cuándo y cómo

  • Antes de salir, no en la playa. Los químicos necesitan unos 20 minutos para hacer efecto.
  • Reaplicar cada dos horas, y siempre tras bañarse, sudar o secarse con la toalla.
  • Las zonas que se olvidan: orejas, empeines, nuca, labios —con barra específica—, el borde del bañador y la raya del pelo.
  • También en días nublados. Las nubes dejan pasar buena parte de la radiación UV.
  • También en invierno en la cara, sobre todo en montaña y con nieve, que refleja mucho.

Lo que no protege

El maquillaje con SPF: la cantidad que se aplica es muy inferior a la necesaria. Sirve como refuerzo, no como protección.

El bronceado previo: aporta una protección equivalente a un factor muy bajo.

Una camiseta de algodón mojada: baja mucho su capacidad de bloqueo. Para el agua, mejor una camiseta de baño con protección UV.

Las horas y la sombra

Ningún protector sustituye a evitar el sol de mediodía. Entre las 12 y las 16 la radiación es máxima, y la regla de la sombra funciona sin aparatos: si tu sombra es más corta que tú, busca sombra.

Y la sombrilla no basta: la arena y el agua reflejan una parte importante de la radiación.

Caducidad

Los protectores caducan y pierden eficacia. El bote del año pasado, medio usado y que ha pasado el verano en el maletero a 60 grados, no protege lo que dice. Mira el símbolo del tarro abierto —12M, 6M— y anota la fecha de apertura.

Y una recomendación práctica: un protector solar en formato grande para el cuerpo y otro específico facial. Los faciales están formulados para no obstruir poros ni dejar brillo, y por eso se usan más, que es lo que importa.

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