El pelo en verano: sol, sal y cloro, y cómo recuperarlo en septiembre
Los tres agresores actúan de forma distinta y hay una medida preventiva que cuesta cero y funciona más que cualquier mascarilla.
El pelo llega a septiembre seco, áspero y con las puntas abiertas, y la reacción es comprar tratamientos. Lo que de verdad funciona es lo que se hace antes de meterse en el agua.
Qué hace cada uno
El sol. La radiación ultravioleta degrada la queratina y oxida el pigmento. Por eso el pelo aclara en verano, y ese aclarado es daño, no un efecto cosmético.
La sal. Es higroscópica: al secarse sobre el pelo atrae agua desde el interior de la fibra y la deshidrata. De ahí la textura acartonada al salir del mar.
El cloro. El más agresivo. Levanta la cutícula, arrastra los lípidos y, en pelo claro o decolorado, reacciona con restos de cobre del agua dando el característico tono verdoso.
La medida que más rinde y no cuesta nada
Mojar el pelo con agua dulce antes de bañarse. Un pelo ya saturado de agua limpia absorbe muchísima menos agua salada o clorada. Es lo más eficaz que puedes hacer y lo hace casi nadie.
Si añades un poco de acondicionador sin aclarar antes de entrar, mejor todavía: forma una barrera física.
El resto de la prevención
- Aclarar con agua dulce nada más salir. No esperes a la ducha de la tarde: cuanto más tiempo esté la sal o el cloro sobre la fibra, más daño.
- Sombrero o pañuelo. Es la única protección real frente al sol. Los protectores capilares en spray ayudan, pero la barrera física gana.
- Gorro de baño si nadas a menudo en piscina. Poco glamuroso y resuelve el problema entero.
- Recogidos suaves, no coletas tirantes con goma de metal: el pelo mojado es más frágil y se rompe con facilidad.
- No cepillar en mojado con cepillo normal. Un peine de púas anchas desde las puntas hacia arriba.
- Menos secador y menos plancha en verano: la fibra ya está castigada.
Si ya se ha puesto verde
Ocurre en rubios y en pelo decolorado. Champús específicos antiverdín, o el remedio casero del zumo de tomate o del bicarbonato, que funcionan de forma limitada. Lo eficaz es prevenirlo mojando el pelo antes y aclarando después.
La recuperación de septiembre
Aquí conviene la distinción que casi nadie hace: un pelo dañado puede necesitar hidratación o proteína, y no son lo mismo.
Falta hidratación si está áspero, encrespado y se enreda. Falta proteína si al estirar un mechón mojado se estira como un chicle y no recupera.
Lo que funciona es alternar mascarillas de un tipo y de otro y observar cómo responde. Solo proteína lo pone rígido; solo hidratación lo deja blando y sin cuerpo.
Y un aceite capilar en las puntas sobre el pelo húmedo, en cantidad muy pequeña, sella y reduce el encrespado.
El corte
Es lo único que elimina las puntas abiertas: no hay producto que las una, por mucho que lo prometa. Un centímetro o dos en septiembre evita que la apertura siga subiendo por el tallo, que es lo que obliga a cortar mucho más al año siguiente.