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Malos olores en casa en verano: basura, desagües y lavadora

Con el calor, la casa huele antes y peor. Estos son los tres focos que casi siempre están detrás y cómo resolverlos sin comprar media droguería.

Por Redacción· · 5 min de lectura
Fregadero de cocina limpio con guantes y utensilios de limpieza
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Abres la puerta después de un día fuera y te recibe ese olor raro que no sabes ubicar. No es que hayas dejado de limpiar: es que a 32 grados cualquier resto orgánico tarda horas en fermentar, y el agua de los sifones se evapora mucho más rápido. La buena noticia es que casi siempre son los mismos tres o cuatro focos.

Por qué en verano huele antes

El calor acelera la descomposición de la materia orgánica, así que una piel de melón en el cubo pasa de "nada" a "insoportable" en una tarde. Además, con las ventanas cerradas para que no entre el bochorno, el aire se queda quieto y todo se concentra. Y hay un tercer factor que poca gente tiene en cuenta: el agua que hace de tapón en los desagües se evapora y deja pasar el olor de la tubería.

Si el olor es a huevo podrido, a alcantarilla o a gas y no lo localizas, no lo tapes con ambientador: revisa desagües y, si sospechas de una fuga de gas, avisa a un profesional.

El cubo de basura, el sospechoso número uno

En verano el cubo se saca a diario, aunque no esté lleno. Sobre todo si dentro hay restos de pescado, marisco, carne, fruta muy madura o pañales. Otros ajustes que cambian mucho:

  • Escurre bien lo que tiras. El líquido del fondo de la bolsa es el que huele, no lo sólido.
  • Congela lo más problemático. Las espinas de pescado, las cáscaras de gambas o los huesos de pollo, en una bolsita en el congelador hasta el momento de bajar la basura. Parece exagerado y es el truco que más se nota.
  • Lava el cubo por dentro, no solo cambies la bolsa. Las bolsas gotean. Agua caliente, jabón, un aclarado y secar al sol si puedes.
  • Un cubo con tapa que cierre bien contiene el olor y, sobre todo, evita que las moscas pongan huevos ahí dentro.
  • Un puñado de bicarbonato o unos posos de café secos en el fondo, bajo la bolsa, absorben humedad y amortiguan.

Si separas orgánico, ese cubo es el que hay que vaciar sin excusas cada día. El de envases y el de papel aguantan de sobra.

Desagües: el sifón seco

Debajo de cada fregadero, lavabo, bidé, ducha y lavadero hay un codo con agua retenida. Ese agua es la que impide que suba el olor de la red de saneamiento. Cuando un desagüe se usa poco (el lavabo del baño de invitados, el sumidero del garaje, la ducha de la casa del pueblo), el agua se evapora en pocos días de calor y el tapón desaparece.

La solución es tan tonta como echar un buen chorro de agua por cada desagüe una vez a la semana. Si vas a dejar la casa cerrada varias semanas, echa agua y, encima, una cucharada de aceite: forma una película que retrasa mucho la evaporación.

Para el olor a grasa rancia del fregadero de la cocina, lo que funciona es agua muy caliente con detergente, y limpiar la rejilla y el interior del desagüe con un cepillo estrecho, porque la película de grasa y restos se pega a las paredes. El bicarbonato con vinagre burbujea bonito y ayuda un poco, pero no sustituye al cepillo. Y una regla de seguridad: no mezcles productos, en especial lejía con amoníaco, con vinagre o con desatascadores, porque se generan gases irritantes.

La lavadora, los trapos y las bayetas

Ese olor a humedad cerrada que aparece en la ropa recién lavada suele venir de la propia lavadora. Con el calor y la humedad va más rápido.

  • Seca la goma de la puerta después de cada lavado y deja la puerta y el cajetín abiertos para que se airee.
  • Saca la ropa en cuanto acabe el programa. Media hora dentro del tambor en julio ya deja recuerdo.
  • Haz un lavado en vacío a temperatura alta cada cierto tiempo, con el tambor libre, para arrastrar la película de detergente y suciedad.
  • Limpia el filtro y el cajón del detergente: ahí se acumula un lodo que huele.

Y no olvides el material de limpieza. Bayetas, estropajos y trapos de cocina húmedos son el foco de olor más ignorado de la casa: aclárales bien, escúrrelos y déjalos extendidos, nunca hechos una bola dentro del fregadero. Cámbialos a menudo.

Los focos menos obvios

  • La nevera: revisa el cajón de la verdura y el fondo de los estantes. Un vaso con bicarbonato dentro ayuda entre limpiezas.
  • El lavavajillas: el filtro del fondo y los restos en la goma.
  • La papelera del baño y la arena del gato, con vaciado diario en verano.
  • Toallas y felpudos de baño que nunca acaban de secarse con la humedad ambiente.
  • Zapatillas de deporte y esterillas guardadas en un armario cerrado.

Una rutina de diez minutos

Baja la basura, echa agua en los desagües que no usas, tiende los trapos, cierra bien lo que huela en la nevera y ventila a primera hora de la mañana o al caer la tarde, cuando el aire está más fresco. Es mucho más eficaz que cualquier ambientador, que solo añade un olor encima del otro.

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