Piscina y niños: por qué el ahogamiento es silencioso
No hay gritos ni manoteo. Cómo es de verdad y qué medidas evitan la mayoría de los accidentes en piscinas privadas.
El ahogamiento es una de las principales causas de muerte accidental en menores en España, y la mayoría de los casos en menores de cinco años ocurren en piscinas privadas, con adultos presentes.
No se parece a lo que se ve en las películas
Esta es la información que más vidas puede salvar, y la que menos gente conoce.
Una persona que se está ahogando no grita: el sistema respiratorio está ocupado en intentar respirar, y hablar es una función secundaria. No agita los brazos pidiendo ayuda: los extiende lateralmente presionando el agua para intentar sacar la boca a la superficie, un reflejo involuntario que no se puede controlar.
Lo que se ve es esto:
- Cabeza inclinada hacia atrás, boca a nivel del agua, abriéndose y cerrándose.
- Cuerpo vertical, sin patalear.
- Ojos vidriosos o cerrados.
- Movimientos como de subir una escalera invisible.
- Silencio total.
Y dura muy poco: de 20 a 60 segundos antes de sumergirse. Un niño que se ahoga a tres metros, en una piscina llena de gente, puede pasar desapercibido.
La regla práctica: si un niño está callado en el agua, hay que mirarlo. El ruido es buena señal.
La vigilancia
Un adulto asignado explícitamente, por turnos, sin móvil, sin lectura y sin conversación absorbente. «Estamos todos pendientes» significa que no lo está nadie: es el fallo que aparece una y otra vez en los análisis de accidentes.
Con niños que no nadan, a distancia de brazo, siempre.
Y quien vigila no bebe alcohol. El alcohol está implicado en una proporción muy alta de los ahogamientos, tanto en la víctima adulta como en el adulto responsable.
Las barreras
Es lo que más ha reducido la mortalidad infantil donde se ha implantado:
- Vallado perimetral de al menos 1,20 metros, sin puntos de apoyo para trepar, con puerta de cierre automático y con el pestillo en la parte alta.
- Cubierta rígida homologada, no una lona flotante: una lona es una trampa, porque un niño que cae encima se hunde bajo ella y no puede salir.
- Alarmas de inmersión como complemento, nunca como sustituto.
- Retirar juguetes del agua al terminar: son lo que atrae al niño a acercarse.
- Escalera retirable en piscinas desmontables.
Y las piscinas hinchables pequeñas: se vacían después de usarlas. Un niño pequeño puede ahogarse en muy pocos centímetros de agua.
Los flotadores
Manguitos, churros y flotadores son juguetes, no dispositivos de seguridad. Se voltean, se salen y dan una sensación de seguridad falsa tanto al niño como al adulto.
Si se necesita flotación, chaleco homologado con cierre entrepiernas.
Enseñar a nadar
Es una medida preventiva de primer orden, y no elimina la necesidad de vigilancia. Un niño que «sabe nadar» a los cinco años se agota, se desorienta o se golpea.
Y hay que enseñar también las normas: no correr alrededor, no tirarse de cabeza donde no se conoce la profundidad, no empujar, no bucear aguantando la respiración de forma competitiva —la hiperventilación previa puede causar pérdida de conciencia bajo el agua—, y no bañarse solo nunca.
Si ocurre
- Sacar del agua con seguridad y pedir ayuda: 112.
- Comprobar consciencia y respiración.
- Si no respira, iniciar RCP. En ahogamiento —a diferencia de la parada cardíaca del adulto— se empieza con 5 insuflaciones de rescate antes de las compresiones, porque la causa es la falta de oxígeno.
- Continuar hasta que llegue ayuda o la persona respire.
- No perder tiempo intentando sacar agua de los pulmones: no funciona y retrasa lo que sí sirve.
Y aunque parezca recuperada, hay que ir siempre al hospital: puede haber complicaciones respiratorias en las horas siguientes.
Lo más útil
Hacer un curso de primeros auxilios y RCP. Duran unas horas, los ofrecen Cruz Roja y muchos ayuntamientos, y es de las pocas cosas que uno aprende y puede llegar a usar de verdad.