Trabajo y estudios a la vez: cómo organizar la semana
Compaginar no es encontrar tiempo: es bloquearlo. Qué técnica de estudio rinde de verdad cuando hay pocas horas.
Estudiar trabajando es una de las cosas que más gente empieza en enero y más gente abandona en marzo. Casi siempre no por falta de capacidad, sino por una planificación que no aguanta una semana mala.
Bloquear, no buscar
«Estudiar cuando tenga un rato» no funciona: los ratos se los come todo lo demás.
Lo que funciona es reservar franjas concretas en el calendario, tratadas como una cita innegociable. Y ser realista con cuántas: cinco horas semanales sostenidas durante nueve meses valen mucho más que quince horas en enero y cero en febrero.
Conviene además saber a qué hora rinde uno. Hay quien estudia bien a las seis de la mañana y quien no. Pelearse con el propio reloj cuesta el doble de esfuerzo.
Las técnicas que sí rinden
Cuando hay pocas horas, la eficiencia del método importa mucho. Y la evidencia sobre esto es bastante clara:
Autoevaluación (recuerdo activo). Cerrar los apuntes e intentar reproducir lo estudiado, o hacer preguntas y responderlas. Es, con diferencia, lo más eficaz. Cuesta más y por eso mismo funciona.
Repaso espaciado. Repasar a intervalos crecientes —al día siguiente, a la semana, al mes— fija mucho más que estudiar tres horas seguidas una vez.
Explicarlo en voz alta como si se lo contaras a alguien. Los huecos aparecen inmediatamente.
Hacer exámenes de años anteriores, que además enseña el formato.
Lo que no rinde, pese a ser lo más común: subrayar, releer y copiar apuntes. Dan sensación de estar estudiando y producen muy poco recuerdo.
Sesiones cortas y frecuentes
Es la ventaja escondida de estudiar trabajando. Dos sesiones de 45 minutos en días distintos fijan más que una de hora y media, por el efecto del espaciado.
Y aprovechar los huecos muertos: el transporte, la espera, la comida. Con material preparado para eso —tarjetas, resúmenes en el móvil, audios— se acumulan varias horas a la semana que antes no existían.
Los derechos laborales
El Estatuto de los Trabajadores reconoce, para estudios oficiales con titulación reconocida:
- Permiso retribuido para concurrir a exámenes.
- Preferencia a elegir turno de trabajo, si el régimen de turnos lo permite.
- Adaptación de jornada o permiso para formación, en los términos que fije el convenio.
Merece la pena leer el convenio colectivo: muchos amplían estos derechos y casi nadie los conoce. Y avisar al trabajo con antelación de las fechas de examen suele facilitar mucho las cosas.
Lo que hace abandonar
- Plan irreal. Prometerse dos horas diarias cuando se sale a las ocho de trabajar.
- Todo o nada. Perder una semana y darlo por perdido todo. Media hora sigue siendo mejor que cero.
- Estudiar sin objetivo concreto. «Voy a estudiar» es difuso; «voy a hacer los ejercicios del tema 4» se completa.
- No dormir. Quitar horas de sueño reduce la consolidación de lo aprendido: se estudia más y se retiene menos.
- Sin nada más en la vida. Un plan sin ocio ni descanso se rompe.
El entorno
Hablarlo con quien convive contigo. Que se sepa que los martes y jueves de siete a nueve no estás disponible evita la mitad de las interrupciones y de los reproches.
Un sitio fijo para estudiar ayuda: el cerebro asocia lugar y tarea. Y el móvil, en otra habitación —no boca abajo en la mesa, que sigue interrumpiendo.
Y la expectativa correcta
Va a ser más lento que estudiando a tiempo completo. Terminar una carrera en seis años trabajando no es un fracaso: es la forma normal de hacerlo.
Bajar la carga a la mitad de asignaturas y aprobarlas todas es mucho mejor estrategia que matricularse de curso completo y suspender la mitad.